APUNTES MARGINALES AL CUADERNO DE NOTAS “PANAMÁ: SOBRE LA ESTRUCTURA Y LA COYUNTURA”

30.03.2012 20:03

 

Por: Quibian Gaytan

 

 

    El libro está compuesto por dos diferentes temas: (A) Panamá: sobre la estructura y la coyuntura,  autoría de Julio Manduley, economista político marxista, pero, en realidad un ecléctico en cuestiones ideológicas, dada su propensión a amalgamar Teoría de la dependencia y Marxismo en la fundamentación y tratamiento metodológico de las ideas desarrolladas en el tema;

 

(B) El libro Conflicto, clases y política de José Valenzuela Feijóo, intelectual mexicano, invitado, también, a dictar el ciclo de conferencias para la membrecía de Frenadeso.

 

    Aquí, en estos apuntes marginales solo me dedicaré al libro de Manduley. Y en ello a dos temas, de los tres, que forman el meollo de su aporte teórico: La cuestión de la Renta Absoluta; la cuestión del neoliberalismo y su desnaturalizamiento de la cuestión del Estado. Sobre la temática del Partido como “representante de los intereses de los trabajadores, de los sectores populares...”, dado que no  encuentra sustentación teórica alguna en la doctrina del socialismo marxista-leninista –no ha percibido que dichos términos (“trabajadores” y “pueblo” en general, no existen como realidad social objetiva;  ni que de los dichos “sectores populares” hace parte la burguesía media industrial o nacional) resultan ser hueras abstracciones, y; dado  que el Partido Comunista sólo representa los intereses de la clase trabajadora asalariada, y, no los de ninguna otra clase social-, me abstendré de tratarla.

 

   José Stalin nos ha recomendado, que para no equivocarnos en  cuestiones teóricas esenciales o en políticas estratégicas, el asir el eslabón clave para poder halar toda la cadena. J. Manduley, sin intención, confirma tal aserto del pensador soviético. Él desde un inicio va a lo que va, agarra el toro por los cuernos. Nos dice que, “Sólo a partir de la construcción del Ferrocarril Transístmico, en el primer quinquenio de los cincuenta, podemos hablar de la inserción específicamente capitalista de Panamá en la economía mundial”. (J. M., Panamá: sobre la estructura..., pág. 42. El remarcado es nuestro. Q. Gaytan). Así, tenemos pues que el modo de producción dominante en nuestro país es el capitalismo. Y eso, ¡desde 1855! Afirmación teórica audaz, arbitraria por a-histórica; por ende,  falsa.

 

    Dado que el esclavismo sólo fue abolido en los inicios de dicho quinquenio, pero no así  las relaciones feudales de producción, éstas continuaron siendo las relaciones dominantes en todo este territorio provincial colombiano, llamado Panamá. Deviniendo, paulatinamente, formas semifeudales por toda la segunda mitad del XIX hasta el período republicano en el XX. Él mismo, como es de notar, repetidamente en su obra, hace referencia en sus caracterizaciones adjetivales a “terratenientes”, “casatenientes”, “improductivistas”, “rentistas” y “parasitarios”. Todas las cuales señalan directamente, aunque Manduley no quiera verlo así, a los Grandes Propietarios territoriales feudales (ergo: Grandes hacendados latifundarios, criollos y mestizos ricos. Tales como los de la Guardia, Goytías, Arosemena, Fábrega, etc.) (1). Lo que, nos habla, de contradicción fundamental entre los hacendados criollos y mestizos feudales y el campesinado usufructuario de las tierras comunales, también feudal, sometido a la rapiña de los dos primeros.

 

El régimen surgido  en Panamá asentado  sobre  cimientos  frágiles  y  postizos,  fruto  de una  revolución  independentista  inconclusa,  donde el  Estado burgués  no  fue establecido, ni instituidas la  República burguesa  y la democracia  burguesa,  sino más  bien  afianza, sobre una  institucionalidad legada por el orden feudal colonial español, en desequilibrio político crónico, permanentemente doblegada  por el  caudillismo  civil y militar,  subordinado al Estado semicolonial y centralista colombiano, un  régimen  feudal  basado en el  latifundio y la  ganadería extensiva.  Panamá adviene, así, al concierto de las naciones independientes de América, no como Estado nacional soberano, sino que como provincia adoptada, por 82 años, luego degenerada en neocolonia yanqui. Ello  encuentra su  explicación  por la  ausencia de una  clase  social  revolucionaria  en  aptitud  de llevar  la  revolución independentista  hasta  sus  últimos consecuencias,  desbrozar el camino   al  capitalismo  para  establecer  un  Estado nacional burgués e independiente.

 

    Pero él persiste, pese a que las evidencias dicen lo contrario, en sus treces. Por lo que en forma rotunda remarca: “En nuestro país, la contradicción básica del sistema es la que vincula capital y trabajo asalariado; es decir burguesía y proletariado”. (O. Cit., p. 82). Para, a renglón seguido, dejarnos petrificados, “Pero contradicción básica no equivale siempre a contradicción principal. Se identifican sólo en los momentos de ruptura o crisis revolucionaria del sistema (que no de crisis de tal o cual patrón de acumulación)...”. (Ibidem, p. 83). Desde acá, rechazando integralmente la primera cita, dejamos consignado que, en la segunda cita,  estamos de acuerdo con la primera oración, rechazamos la afirmación que se hace en la segunda parte. Dentro de un período histórico- económico de una formación social, en la que existe todo un sistema de contradicciones básicas, una de ella cumple una función principal, de traba al desarrollo económico y al progreso social capitalista, y la cual debe resolverse revolucionariamente para abrir  paso a las modernas relaciones de producción contenidas en ella y al nuevo sistema de contradicciones básicas que de ellas parten. Tal es la contradicción principal, la que ha de durar todo el tiempo –corto o prolongado- que exija su resolución.

 

   La  inexistencia de una  clase burguesa  capaz  de  acabar  con el  feudalismo,  poner  vallas  a la  dominación del capitalismo industrial extranjero,  engendrar  por  tanto  un   Estado  nacional burgués y una  república  burguesa,  consiguientemente,   una  economía  capitalista  que  integre  el  país  bajo   su  hegemonía,  creando  un  mercado nacional que  marchara  parejo  con la  centralización  económica  y  política;  marcó   desde el  mismo  momento  de la  independencia mochada lo que  habría  de ser   el  rasgo  sustantivo  en  este  país:  la  semifeudalidad  y la  neocolonialidad;  la  desarticulación   económica  y la   estagnación de la acumulación originaria de capital,  la  caricaturización de la institucionalidad  formal  burguesa a través de un partidarismo político de clanes familiares y  personalista  como  forma  real  de  gobierno.  La   democracia,  la  independencia  nacional,  el   desarrollo  armónico  de la  economía,  el   progreso,  la  identidad  multinacional  y multiculturalidad,  continúan  siendo  tareas aún por realizar;   tareas   profundamente  revolucionarias  que  sólo   el  proletariado,  a la  cabeza  de la clases populares,     está   en  condiciones  de  materializar,  en  su camino  al   socialismo y al comunismo, en la forma de dictadura democrático-popular.

 

   Con su rotunda afirmación,  de que la contradicción con la “burguesía” resulta la contradicción principal en la sociedad panameña decimonónica, aunque luego la matice, él no sólo hace desaparecer por arte de magia a los grandes hacendados latifundarios sino que las relaciones semifeudales, en la cual fundan su dominación de clase, como estadio transitorio prolongado, hasta todo el siglo XX. A los efectos él la subsumirá bajo la hojarasca -acuérdense que ya desde hace dos siglos estamos bajo el paraguas del “sistema capitalista mundial” y de su fantasiosa  categoría “terrateniente internacional”- de las cuatro contradicciones siguientes:

 

(i)                 contradicciones entre los sectores de la burguesía imperialista (¿?) y aquellos que la pagan como consumidores de ese servicio (el ferrocarril y el Canal);

(ii)               contradicciones entre las clases dominantes ‘nacionales’ (2) – que se levantan como ‘terratenientes’-  y ‘el arrendatario’ capitalista extranjero por la apropiación de esta renta internacional del suelo... en esencia una disputa por la parte de la Ganancia Extraordinaria que le corresponde a unos y otros;

(iii)             En el caso panameño la ‘no burguesía’ (?) –los rentistas nativos- está exacerbada: esas clases (Nota bene) no pueden presentar  un proyecto alternativo y menos una independencia del mercado capitalista mundial...(3).

(iv)             Contradicciones entre el conjunto del pueblo (4), los Sectores Populares y las clases dominantes por la apropiación, distribución de un beneficio... en términos de ‘patrimonio nacional’, del cual se apropia, negocia, disfruta y usufructa la clase dominante”. (Ibidem, p. 40)

 

   ¿Dónde ha quedado el señalamiento de la contradicción principal, sí nos señala solamente las cinco contradicciones básicas? Más aun, abusando de su paciencia, permítame hacerle dos últimas preguntas: ¿La contradicción entre “las clases dominantes nacionales” y los “arrendatarios capitalistas extranjeros” es una contradicción interna o externa? Y ¿con qué derecho, dada su tesis “sociológica” central, recurre a la expresión “clases dominantes” y no de clase dominante a la que ha estado remitiéndose una y otra vez a lo largo de su exposición? 

   Respecto a dicha cuestión de la relación de las contradicciones básicas y la principal detengamosno, por un momento, en Mao: “La contradicción fundamental en el desarrollo de un objeto y la esencia del proceso que esta contradicción fundamental determina no desaparece hasta que se completa el proceso. Pero en el caso de un proceso de larga duración, generalmente las condiciones son diferentes en cada etapa. Esto es así debido a que, aunque la naturaleza de la contradicción fundamental en el proceso de desarrollo de un objeto y la esencia del proceso no cambian, la contradicción fundamental se hace cada vez más y más intensa conforme pasa de una etapa a otra de este largo proceso”.  En esto, además, “ninguna de estas contradicciones puede ser suprimida ni suplantada por otra, y cada una de ellas puede pasar a desempeñar, en determinadas condiciones, el papel de contradicción principal.

   De allí la conclusión, inevitable, en nuestro país, dentro de la Formación económico-política panameña decimonónica, en este proceso de larga duración y todavía hoy día no resueltas, han existido dos contradicciones básicas (fundamentales): aquella que enfrenta los campesinos a los latifundistas feudales, y la contradicción entre los semiproletarios suburbanos (¿o mejor decir, subproletarios?) (5), en la ciudad de Panamá, los del “extramuros”, como de la ciudad de Colón. Todas las demás “ciudades” eran centros de administración política y residenciales, no centros productivos) y los compradores (la burguesía semifeudal, intermediaria en ésta provincia, de la actividad comercial internacional de las potencias capitalistas avanzadas). La contradicción entre la nación (los “nacionales” dice) y las potencias capitalistas europeas y norteamericana era secundaria, no básica, marginal. Ella sería posiblemente principal sólo, y sólo en ese caso, en referencia al Estado nacional semicolonial colombiano en sus relaciones económicas y políticas con dichas potencias capitalistas extranjeras, en particular la estadounidense, y sólo si la burguesía semifeudal colombiana ha luchado, en esa media centuria, revolucionariamente por su soberanía estatal sobre todo el territorio nacional.

  

   ¿O se atreverá, quizás,  Manduley a sostener que, ha mediados del siglo XIX, ya existía la nación panameña? ¿Y qué la contradicción Capital y Trabajo inserta, desde aquella época, en dicha nación era básica, fundamental, aunque no principal, o dicho en otras palabras que ya era planteable la tarea combinada de la liberación nacional y el socialismo en Panamá? Como ya, a medida que profundizo en su libro, voy conociendo su postura socialdemocratizante, me atrevo a asegurar que su respuesta será sí. Ya que si el sistema capitalista pre-monopolista mundial, europeo más precisamente, estaba “maduro” para la revolución socialista y el comunismo, en Panamá, inserta en ese mercado internacional y sometida a sus leyes económicas generales, era posible ya la edificación del socialismo. Milagro comparable a las barricas de agua convertida en vino.

 

   Sólo con la conformación del mercado interior, “nacional” en una 1/3 parte, a partir de los años 30 del pasado siglo, y la insipiencia de una industria manufacturera de artículos ligeros es que podemos hablar de “elementos iniciales de producción capitalista nacional”. De ahí, la economía y las relaciones feudales de producción lentamente, desde 1854 a 1903 y de ahí a 1930, fueron convirtiéndose en semifeudales y capitalistas compradora-burocrática. La inserción de Panamá al mercado imperialista internacional, particularmente estadounidense, eso a partir de 1903, ha sido convertida en perceptora y consumidora de mercancías norteamericanas, y abastecedora, para dicho mercado, de bananos y de servicio de tránsito. 

 

   El imperialismo norteamericano nunca se propuso impulsar el desarrollo del capitalismo industrial en Panamá, cuanto más se ha esforzado por convertirnos en neocolonia suya, ha todo lo largo del siglo XX e inicios del XXI. Lo más que ha realizado es esa forma aberrante y prehistórica llamada capitalismo burocrático (o capitalismo burocrático de Estado) es el tipo de capitalismo que el imperialismo hace surgir en los países atrasados, semifeudales y semicoloniales, combinando los grupos imperialistas, los grandes propietarios de tierras y los grandes banqueros con el poder estatal. Dice el Programa Fundamental del Partido Comunista (Marxista-Leninista) de Panamá, respecto al papel económico desempeñado por esa potencia imperialista, lo siguiente: “Mientras, por otro lado, se colude con las clases feudales para que, a través del Estado neocolonial, propiciasen su apadrinado, lento y reaccionario camino burocrático de desarrollo capitalista dependiente en Panamá: así nació y se afirmó el capitalismo burocrático-comprador. Un capitalismo deformado y profundamente ligado al imperialismo estadounidense, sustentado en el capital monopolista terrateniente de la aristocracia panameña de origen español, el capital monopolista de los compradores agentes de los monopolios imperialistas y el capital monopolista del Estado oligárquico”.

  

   Pero además, vistos desde acá, es un poco los sueños “socialistas” utópicos de los artesanos y subproletarios bogotanos que les llevaron escenificar su desdichado levantamiento armado y a encumbrar, por corto tiempo, al general Melo en 1854. Acontecimiento, sea dicho entre paréntesis, en el cual tan negativo y reaccionario papel le tocó desempeñar a “nuestro héroe nacional” coronel Tomás Herrera, entonces Vicepresidente de la pequeña Colombia. Asimismo, como aquellos de los arrabaleños santaneros que, en el istmo de Panamá, apoyaron la intentona “anti-blancos de intramuros” del crel. Espinar en 1862.

   Termino.

 

   Comienzo. “Históricamente, una parte del capital constante se constituyó –sobre todo en las fases de construcción tanto del ferrocarril como del Canal- con un alto valor en cantidad de Fuerza de Trabajo pero relativamente a un bajo precio. El capital incorporado al suelo... se efectuó con elevada tasas de plusvalía a través de una verdadera acumulación originaria en escala restringida” (Manduley, p. 31). En la primera parte de la oración, sorprendentemente, es un economista marxista, nos dice “una parte del capital constante se constituyó con un alto valor de Fuerza de Trabajo a un bajo precio”. ¿Qué galimatías es esta? Somos proletarios, no ignorantes. De nuestras lecturas de la Economía Política Marxista-Leninista, por ligeras que hallan sido, hemos aprendido que el Capital productivo, o si quiere capital de inversión, se constituye de dos partes: Capital constante (c. c.) y Capital Variable (c. v.). El primero se refiere a la compra o existencia de medios de producción, terreno, local, impuestos al gobierno, etc. En cambio, con el segundo los economistas políticos se remiten al precio o valor en dinero (salario) que se paga por la compra de la fuerza de trabajo de los obreros. Así de sencillo, lo demás es confundir.

 

   Asimismo, si nos habla de una acumulación originaria del capital, aunque sea a una escala restringida (¿Con esta palabreja se refiere, quizás, a sólo al corredor que une Panamá a Colón o a todo el territorio de esta provincia colombiana?), de la aparición y desarrollo del capitalismo como modo de producción dominante en el Istmo de Panamá, nos esta señalando el quebrantamiento, por vía revolucionaria o burocrática, de la relaciones de producción feudales o semifeudales hasta entonces imperantes.

 

   Confusa y  “restrictiva” interpretación de la categoría acumulación originaria (del capital). Del párrafo, arriba citado por nosotros, resulta que no hay diferencia cualitativa alguna entre las categorías económicas acumulación originaria del capitalacumulación de capital. Para los economistas políticos marxista-leninistas con acumulación originaria del Capital se remarca ese proceso histórico de separación de los productores directos de sus medios de producción y de vida, su conversión en Fuerza de Trabajo “libre”, y la concentración de capital-dinero en manos de la burguesía. Fenómeno que está en la base de la génesis de las relaciones capitalistas de producción. Mientras que con Acumulación de Capital hacen referencia a la utilización de una parte de la plusvalía, producida por los obreros y apropiada por los capitalistas, para el acrecentamiento del Capital-productivo. Es decir, utilizado para reproducir las condiciones de la explotación de la clase obrera. Para él, la dicha “acumulación originaria a escala restringida (?)” se efectuó por... ¡el  precio por debajo del valor de la Fuerza de Trabajo que pagó el capitalista gringo! ¡Entiéndalo, quién pueda!

 

       Ahora bien, ésta Fuerza de Trabajo en aquella época no era “puramente” proletaria; en el sentido de que no eran “libres” de medios de producción y de medios de subsistencia; poseían en derredor de sus humildes chozas un pedazo de tierra, en la cual producían para satisfacer sus necesidades inmediatas y elementales; combinaban, pues, trabajo agrícola autoconsumista y “salariado” como actividad complementaria y temporal en la construcción ferrocarrilera; jornaleros, peones y no obreros modernos, permanentes. El sr. Manduley, como profesor de economía teórica, debe saber que dichos trabajadores, en tales condiciones de existencia productiva y de vida, eximían a la Compañía capitalista ferrocarrilera yanqui el tener que cubrir el integral valor de su Fuerza de Trabajo: con ello actuaban, involuntariamente, rebajando su precio de venta y adicionaban dicho “ahorro” a la masa de la plusvalía que les robaba la Compañía.

 

   Marx analiza las relaciones de producción en una sociedad determinada y concreta y en un definido período histórico de su desarrollo, y eso lo hace con fines prácticos, es decir, para poder precisar la estrategia de la lucha revolucionaria del proletariado. Esto es, en resumen, la base metodológica de la doctrina del socialismo científico.

 

   ¿Pero, qué es el capitalismo? Creo no equivocarme si lo defino así: el complejo de actividades industriales, comerciales, agropecuarias, servicios, transporte, comunicaciones y navegación transoceánica organizado alrededor de un mercado interno unificado, como centro básico de libre intercambio de capitales, mercancías y fuerza de trabajo asalariada. Todo ello, aplicado y desarrollado dentro de un territorio dado, homogéneo nacionalmente (aquí el color de la piel y la raza y la división estamental, nada tienen que ver) y nacionalmente independiente. El sistema de estos rasgos caracterizadores, tomados en su conjunto, particularizan y separan la Formación económico-social capitalista de toda otra formación pre o poscapitalista. Lo esencial aquí es retener que la base material y la base real de dicho sistema, la producción social industrial y la relación social establecida entre propietarios de capital y proletarios, respectivamente, determinan la existencia y el funcionamiento de todas las demás actividades económicas.

 

   Esto es, la organización económica de la vida social capitalista es la conjunción nuclear de Capital, Propiedad privada (o colectiva) capitalista y Trabajo asalariado. Fenómeno histórico que resulta el punto de origen (base, fundamento), como ya sabe nuestro ideólogo, de las leyes económicas que definen la especificidad del capitalismo, como son la de la competencia industrial y la anarquía de su funcionamiento y, de aquella, de la monopolización ( la concentración de todas esas actividades productivas y la centralización de los capitales productivos, ya sea en su forma de mercancía o ya dinerario), tan necesario para la existencia, subsistencia y desarrollo del capitalismo como sistema social y político.

 

    Por lo que,  de modo alguno se puede sostener, desde la perspectiva del materialismo histórico y de la economía política marxista-leninista, hoy maoísta,  que ya en 1855 en Panamá existía ese entramaje nacional de las actividades económico productiva capitalista. El sr. Manduley jamás podrá demostrar una tan arbitraria tesis, ni teóricamente, ni estadísticamente, ni históricamente. Claro que él no tendrá la culpa de eso. Ello porque las clases dominantes, de éste país, nunca han tenido un sentido histórico de cara a los hechos del pasado y del presente económico y político del Istmo de Panamá. Mas aún, criminalmente, o no se preocupó de consignarlos y recopilarlos, o simplemente los destruyó, con el fin de ocultar los acontecimientos en que fue protagonista. Pero, ello no le da derecho a él, a falta de datos históricos, el suplirlos antojadizamente con elucubraciones teóricas.

   Huérfano pues de elementos fácticos, materiales e históricos que fundamenten su tesis,  como para cubrirse de cualquier crítica proveniente de esa izquierda “tradicionalmente despistada”, ignorante de esas aportaciones sobre el tema que han hecho los comunistas marxista-leninistas, hoy maoístas, como las de aquellos representantes  de la segunda etapa del desarrollo del marxismo, de la asignación histórica de la categoría “renta absoluta” dentro del desarrollo económico real, hecha por Marx en su magna obra El Capital, pretende el que nos traguemos sus aseveraciones acríticamente.

 

   Apoyándose, ciertamente, enteramente en el III tomo del El Capital, en la cual Marx examina y desarrolla la teoría de la renta agraria, en condiciones capitalistas, él de seguido le distorsiona. Marx examina, disecciona, interpreta y deduce las leyes generales, objetivas, que rigen la organización económica de un dado sistema social, el capitalismo concreto, existente en la Europa del siglo XIX.  Pero, en modo alguno, olvida verlo y examinarlo desde una perspectiva histórica. Eso no se puede decir del sr. Manduley, quién, leído dicho III tomo de El Capital, en sus deducciones y aplicación, ha hecho una operación quirúrgica digna del Dr. Frankestein: Trasplantar la realidad económico-histórica concreta de Europa al Panamá decimonónico. ¡Eximimos, de toda culpa, al ciudadano Carlos Marx!

 

    Para justificar su tesis central, “la realización de la renta absoluta en el mercado mundial capitalista”, el desvanece la singularidad específica de una formación económica- política, propia de un feudalismo colonial tardío, en la universalidad del mercado capitalista. La particularidad nacional no es parte de lo general, de la internacionalidad, piensa, sino que el todo hace desaparecer la parte. ¡Muy forzada esta dialéctica idealista histórica! Todo ese sobredimensionamiento del mercado capitalista internacional, la unificación de las diversas economías nacionales y pre-nacionales, realmente identificables como feudales e incluso colonias prefeudales, que eran claramente mayoritarias en el “sistema capitalista mundial” de mediados del siglo XIX, que hace sr. Manduley resulta a todas luces inexacto. Ya que, eso sólo se ha logrado incompletamente  a finales del siglo XX. Esto porque las potencias capitalistas avanzadas de modo alguno se han propuesto impulsar el capitalismo en dichos países “periféricos”, devenidos cuanto más en semifeudales, sino que insertándoles en calidad de colonias y semicolonias. Puntos de establecimiento de sus factorías, y de allí en enclaves coloniales dentro de un territorio no plenamente dominado aún, como medios de alteración de sus tradicionales modo de producción, de intercambio y de mecanismos de precios.  Intrusionando en su fragmentado mercado interno, desorganizándoles su economía tradicional, imponiendo la anarquización de la producción y la competencia desleal (Dumping).

 

   Actualmente, es cierto, es de notar cierto grado y cierta medida de relativa estabilización y organización de los precios en la economía mundial. Pero eso resulta algo coyuntural, así lo demostrado la profunda y extendida crisis económica mundial (2007-2009). He escrito en el folleto intitulado “La crisis general del capitalismo está a la base de la actual crisis financiera mundial”, de 2008, lo siguiente: “Tal unidad relativa del mercado mundial capitalista ha dado origen a tendencias hacia normas mundiales de producción y hacía la fijación de valores y precios internacionales de producción promedios, es decir, hacia la "universalización" del trabajo social (valor), hacia el establecimiento del tiempo socialmente necesario de trabajo a escala mundial”. Fenómeno, repito, sólo logrado al completamiento del curso de desarrollo del imperialismo, esto es del Capitalismo monopolista de Estado, y no en la época del capitalismo concurrencial o premonopolista del antepasado siglo. Cuando el capitalismo industrial se afirmaba, los Estados Nacionales burgueses apenas se consolidaban y en el planeta abundaban los “territorios libres” de la depredación capitalista.

 

 

EL DESVANECIMIENTO DE LA CUESTIÓN CAMPESINA

 

   Manduley, por el contrario, en sus conceptualizaciones sobre la “renta absoluta capitalista” y del origen del capitalismo en Panamá, presupone que aquí ya, ha mediados del siglo XIX, estaban dadas las condiciones histórico-económicas para el capitalismo. Sólo que en su presunción olvida: (1) El capitalismo yanqui, posteriormente imperialismo, no destruyó las formas precapitalistas preexistentes, se adaptó a ellas para asegurarse la percepción de una ganancia extraordinaria; (2) Ni el capitalismo yanqui, ni el Estado semicolonial colombiano como tampoco los hacendados feudales istmeños  “liberaron” al productor directo (el campesinado de viejo tipo y al artesanado) de sus medios de producción y de vida. Sólo ver que el Ferrocarril y, después, el Canal fueron construidos mayoritariamente por mano de obra importada (antillanos, chinos, europeos y norteamericanos); (3) Inicialmente casi no hubo una acumulación originaria de capital (productivo y  Fuerza de Trabajo) en la Formación económico-política ístmica. Al olvidar eso, todo el discurso tan afanosamente hilvanado se cae. ¡Sin fundaciones no es posible edificar, sino pregúntele a cualquier militante de SUNTRACS!

 

   Estamos en el campo de la teoría y también Carlos Marx partió de una presunción, alegará en su descargo Manduley. Ciertamente, todo ideólogo al elaborar una teoría ha de partir de uno o de un conjunto de presuposiciones, sólo que ellas deberán ser objetivas, racionales y verificables. Y Manduley no ha cumplido con esta exigencia metodológica; eso  si lo hizo Marx en su monumental obra El Capital. Así, en el tomo III, SECCIÓN SEXTA escribe: “El análisis de la propiedad territorial en sus formas históricas, es asunto que excede de los límites de  esta obra. Sólo nos ocuparemos de él en tanto que una parte de la plusvalía creada por el capital corresponde al propietario de la tierra. Suponemos, por consiguiente, que la agricultura, así como la manufactura, está dominada por el orden de producción capitalista, es decir, que la agricultura se explota por capitalistas… El supuesto de que el orden de producción capitalista se haya apoderado de la agricultura, lleva consigo el que dicho orden domine todas las esferas de la producción de la sociedad burguesa, y que en ellas se dan en plena madurez todas las otras condiciones, como son: la libre competencia de los capitales, la posibilidad de pasar éstos de una esfera de la producción a otra, igual tipo de beneficio medio, etc.”. (Ob. cit., p. 161). De seguido, Marx nos dice, “la forma de la propiedad territorial que estudiamos es una forma específica histórica, una forma transformada por la influencia del capital y del orden de producción capitalista, bien sea de la propiedad feudal, bien sea de la pequeña explotación agrícola campesina explotada como rama para la obtención del sustento…” (Ibídem, p. 162. El subrayado es nuestro. Q. Gaytan). Ruego al lector leer y volver a releer la cita; así se le hará claro que nuestro economista marxista, que también ha leído ese tercer tomo de El Capital,  en búsqueda de salvar su “teoría”, se ha agarrado de un clavo ardiente.

 

   ¿Qué se deduce de ella? De ella se deduce que la suposición científica de Carlos Marx parte del estudio de una Formación económico-social concreta y en un determinado grado de su desarrollo, el capitalismo, el cual ha transformado, revolucionaria o evolutivamente –la famosa vía junker de desarrollo capitalista en el campo-, la anterior forma de propiedad latífundaria y/o la pequeña producción campesina autoconsumista. En la cual se da una dada correspondencia, determinada por la dominancia del capital, entre la manufactura capitalista y la agriculturacapitalista.

 

   También resulta deducible, de la misma, el que para que exista una renta territorial absoluta capitalista deben darse las condiciones que hacen de la sociedad burguesa una sociedad capitalista en un dado nivel histórico de desarrollo. De otro modo, si en la sociedad existe una renta absoluta capitalista o monopolista “extraña” (colonial) no enraizada o sustentada en modo de producción capitalista concreto y definido, correspondiente a ella y sólo a ella, y dado que renta absoluta ha habido en toda sociedad clasista. Entonces, se deduce, o esa formación social no es tal o estaremos ante una sociedad feudal “tumorosa”, o ante una sociedad precapitalista –vaya a saberlo Jehová- de que otro tipo histórico. 

 

   Y nuestro economista político Manduley, en sus 185 páginas de que consta su libro, de modo alguno alcanza a demostrar su supuesto modo de producción capitalista en el Panamá de ayer o de hoy. Como tampoco su fantasiosa “renta absoluta” existente “solo allí donde existe propiedad capitalista del suelo” (Panamá: estructura-coyuntura, p. 36). Afirmar no es confirmar. Sostenemos, frente a él, la Gran Propiedad Territorial en Panamá no es predominantemente capitalista, sino que semifeudal y neocolonial. Aquí la renta territorial absoluta se genera en una hipertrófica y antinatural correlación entre monopolio privado latifundario, monopolio privado agrario comprador y monopolio estatal burocrático del suelo. Los que se redistribuyen la misma, producto de la explotación y despojo de la masa del campesinado y de las nacionalidades originarias, entre ellos, según su poder y dominio. Así, por ejemplo, ¿qué ha tenido o tiene de capitalista las relaciones de producción, así como con la percepción de la “renta absoluta moderna”, establecidas en el monopolio imperialista bananero –con sus auténticos métodos de trabajo y relaciones de trabajo feudales-, en las haciendas cafetaleras,  en los ingenios azucareros, en las empresas de aguardientes, tomateras, etc. (con sus salarios de hambre, tiendas de raya –abiertas o encubiertas-, ausencia de derechos laborales, seguridad social, trabajo temporario y cuando los mismos trabajadores han de complementar sus ingresos laborando en sus propias parcelas)?

 

   Todo eso le resulta embarazante a nuestro economista. Puesto que al haber soslayado todo eso, fiel adepto de la trotskizante teoría de la dependencia, ha tenido que desvanecer, difuminar, invisibilizar, la cuestión agraria en Panamá. Desapareciendo la cuestión campesina, no percibiendo el componente democrático-revolucionario que representan los campesinos (6), no sólo niega el papel dirigente que ha de desempeñar la clase campesina, junto al proletariado revolucionario, en la revolución democrática, agraria y antiimperialista en Panamá, sino que pone en evidencia su oposición al recurso de dichas masas campesinas a la violencia revolucionaria, a la inevitabilidad de la guerra agraria contra el latifundismo y el Estado burgués semifeudal imperante.  Por eso, de la manga se ha sacado aquello de la “realización internacional del Monopolio de la Propiedad Territorial”, esto es la efectivación extraordinaria de la renta absoluta en beneficio exclusivo del imperialismo yanqui, y solo realizable en el mercado mundial de dicha superpotencia.

 

   Él, Manduley, como ya hemos visto más arriba, centra toda su teorización económica en la percepción de la susodicha “renta absoluta extraordinaria” por el capitalismo estadounidense, dada la monopolización de la posición geográfica, y esto, realizándola en el mercado capitalista internacional en desmedro de los demás países capitalistas usuarios del corredor transístmico. Esto es, alterando en su beneficio las condiciones de la realización de la ley económica  de la libre competencia. El monopolio, pues, para la dialéctica subjetiva suya,  es el lado malo de ésta relación contradictoria, mientras, la libre competencia su lado sano. Subestimando, de paso, la relación interna entre el propietario territorial formal (representado por el Estado terrateniente colombiano) y el propietario real (USA).

 

   Aprovecho la ocasión para dejar sentado, sobre ese mismo tema, lo señalado por Marx: “El señor Proudhon (léase: Monsieur Manduley. N. d. Q. G.) no habla más que del monopolio moderno engendrado por la competencia. Pero todos sabemos que la competencia ha sido engendrada por el monopolio feudal… El monopolio moderno, que es la negación del monopolio feudal por cuanto presupone el régimen de la competencia, y la negación de la competencia por cuanto es monopolio” (C. Marx, Miseria de la filosofía. Ediciones de cultura popular, p. 155. México, 1974).

 

   Con ello, el círculo se ha completado. Si el modo de producción en Panamá es capitalista dependiente del imperialismo yanqui, y es éste, el principal apropiador de la renta territorial que se genera de la monopolización del recurso natural básico, la posición geográfica, -deduciendo que para Manduley la gran propiedad territorial en el campo panameño es algo que no existe o es de importancia secundaria- entonces, se colige que el objetivo de la lucha es el tándem capitalismo-imperialismo, y, por ende, la tarea inmediata de las clases revolucionarias de Panamá resulta ser la independencia económica de ese sistema, de ahí la revolución socialista.

 

   Sobre el tema, desde una perspectiva diametralmente diversa,  hace algunos años he escrito para el quincenario “El Machete”, órgano del Frente Popular para la Salvación Nacional, una reseña crítica del libro “Invasión USA a Panamá: modelo para no olvidar (y cinco presagios estructurales)”, del intelectual guatemalteco Lionel Méndez D’Avila, de 1992, en la cual entre otras cosas digo:

 

   “Así parte el autor… ‘El aprovechamiento de la posición geográfica se traduce: (1) en una renta territorial para el poder político que controle ese sector ístmico’ ”. (Ob. Cit., p. 104). Abstracta, pero justa. Aunque no quede claro si se hace referencia a toda la realidad geográfica nacional o a sólo una parte de ella. Más precisamente, a sólo y exclusivamente al Canal y/o la Zona adyacente al mismo. Ello es importante dilucidarlo. Dado que así presentada se traduciría en un retroceso, o cuanto menos en un desmejoramiento, del sustancial o importante aporte teórico a la cuestión nacional, con su tesis “del monopolio imperialista de nuestra posición geográfica”, del marxista-leninista-stalinista Hugo Víctor.

 

   Por otro lado, Méndez D’Avila al entrar a especificar ,…, la forma concreta que asume dicha ‘renta territorial’ se inventa literariamente de que ‘se trata de una renta territorial potencial (¿?)’ ‘puesto que no se hace efectiva de ninguna manera (¿¡!?) dadas las condiciones de ocupación y control norteamericano”. (El subrayado es nuestro. N. d. J. C.). Lo que se afirma en la tesis, se niega en la fundamentación. Dado que la palabreja “potencial” ni explica nada, ni agrega nada, pues, si no es “efectiva”, ni de “ninguna manera” se hace realidad concreta, con perdón de Usted,  me la puedo meter en el bolsillo como una curiosidad literaria de un intelectual genial… que también sabe dar uno que otro tropezón.

 

   Lo que si resulta cierto, aquí, es que dada la ocupación  y control imperialista sobre la posición geográfica (como un  arrendatario capitalista que por el derecho de su fuerza impone la cesión del derecho de posesión sobre un bien y las condiciones del arrendamiento al propietario real del área territorial, como si “fuese soberano”, y que mediante el pago de una modestísima anualidad gana el derecho efectivo al “usus”, “abusus” y goce exclusivo del “fruttus”) vienen a ser esos mismos imperialistas-arrendatarios los que ejercen y se beneficien de la apropiación de la susodicha renta territorial. (7).

 

   Por lo que cabe que nos  preguntemos ¿Pero, cuál es la forma concreta que asume esa renta territorial de la que se apropia ese “poder político” que controla el Istmo? Esta misteriosa y tremebunda “renta diferencial potencial” es… pero, dejemos que el propio autor nos dé la respuesta. Él, mediante una cita del economista Juan Jované, da como dinero de ley la identificación de la dicha renta territorial con la “renta diferencial”. En la misma, dice Jované, “La existencia de tal renta potencial… simpleindicador de la existencia de la renta diferencial, ya que su forma de cálculo incluye el intercambio desigual”. Lo que evidentemente no es cierto, máxime cuando la fórmula dubitativa “simple” le sirve para no comprometerse, como una maniobra escapista. Más adelante, el mismo continua: “la renta diferencial no se realiza ya que USA impide que Panamá capte esa renta”, ya que el “el capitalismo monopolista de Estado norteamericano que opera el Canal no tiene interés de hacerla efectiva”. (El subrayado es nuestro. N. d. J. C.).  (8)

 

   Comencemos. El capital suelo, o mercancía territorial (dado que posee un valor de uso y de cambio) vende un “servicio de tránsito”  a los usuarios que tengan necesidad de él, independientemente que tales usuarios sean personas, compañías privadas o Estados, lo que aquí es indiferente, a su precio de mercado. Dicho precio de mercado se expresa en “ahorro de los usuarios del Canal al no tener que utilizar rutas alternas más costosas” y en una entrada monetaria bruta cuantificable estadísticamente. Dicha entrada bruta en 1970 fue de 620 millones de dólares y para 1975 de 800 millones. Si recordamos que los componentes del precio de mercado lo forman el costo de producción, el beneficio medio del arrendatario y la renta del propietario formal (en forma de anualidad pagada), enseguida se harán evidentes los siguientes hechos:

 

1.      Que a partir de la explotación capitalista de la posición geográfica (la mercancía territorial ístmica), se establece una relación económica o mejor una relación  social entre el propietario formal del territorio (el Estado panameño como capitalista colectivo o de clase en su conjunto) y el arrendatario capitalista (el Estado imperialista estadounidense). Relación económica signada por la desigualdad, ciertamente, pero no en el sentido que lo quiere Jované, seguido por Méndez D’Avila, ya que entre el propietario formal y el arrendatario imperialista no se establecen relaciones de intercambio mercantil; al Estado oligárquico-terrateniente, el propietario formal, le es indiferente la forma y la cuestión del servicio de tránsito que se ofrece por parte del arrendatario imperialista;

2.      El intercambio mercantil, la compra-venta del servicio de tránsito que se ofrece, se realiza entre propietarios diferentes en relativa igualdad de condiciones (entre una potencia imperialista, monopolizadora y usufructuaria de la posición geográfica del Istmo, y otras potencias imperialistas y no-imperialistas), según las reglas imperantes en el mercado capitalista mundial;

3.      Que entre el propietario formal del suelo ístmico y el imperialismo arrendador de la posición geográfica, a su vez, monopolizador del Canal, se da un intercambio desigual a la hora de la distribución de la Entrada Neta proveniente de la explotación del servicio de tránsito que se ofrece. El C. M. E. norteamericano se apropia todo el excedente generado por el servicio de tránsito, es decir, la diferencia entre el valor y el coste de producción, a la vez que comparte leoninamente la parte que en forma de canon de arrendamiento ha de pagar a la oligarquía comercial-terrateniente. Radicando aquí, como lo quiere Jované, el “intercambio desigual”;

4.      Ese canon de arrendamiento, por exiguo que sea, que paga el imperialismo estadounidense al Estado panameño como capitalista colectivo, es precisamente, la renta territorial o renta capitalista del suelo. Por lo que, eso de que “USA impide que Panamá capte esa renta”, no es más que una falsedad evidente. El que por su exigüidad sea ridícula, desigual e injusta, no impide el que el imperialismo la haga “efectiva”. Si con ello se quiere pretender que pasase integralmente a manos del Estado burgués panameño es ya un absurdo teórico y político. (8)

 

   Pero no carguemos la culpa sobre Méndez D’Avila, él solo dio como carta de ley lo que es un error de Jované. A nuestro entender, el economista Jované confunde la renta capitalista diferencial con la renta absoluta, en las condiciones de una economía capitalista imperialista mundial… Nosotros sostenemos que dicha renta territorial es una realidad social concreta, no potencial sino con una existencia efectiva y al margen de nuestra voluntad. Que en ella radica el quid, el meollo, o si se prefiere la cuerda clave de toda la cuestión nacional, el fundamento de toda la actual lucha de liberación nacional. Por ello,  la cuestión de la renta territorial, dentro de una economía capitalista colonial, así como de las formas concretas de manifestarse, deben ser resueltas más que teóricamente prácticamente. Desde Ricardo, Marx y Lenin, sin soslayar a Karl Kautski y otros, los representantes modernos de la economía política marxista-leninista han partido reconociendo la OBJETIVIDAD de la ley de la renta capitalista del suelo.

 

   Partiendo de las características del Capital tierra, Pesenti escribe, “se crea una situación de  doble monopolio a favor de los propietarios de la tierra, ya como clase social en su conjunto, ya como situación particular de monopolio a favor de algunos propietarios respecto a otros” dada la desigualdad de cualidades de los terrenos (9). Resulta de allí, contrariamente a lo que sostienen los modernos economistas subjetivistas que por arte de birlibirloque subsumiendo o convirtiendo la renta territorial en “simple” expresión de la renta diferencial, hacen desaparecer u ocultan la Renta Absoluta, que el real monopolio de la tierra se desdobla, por una parte, en monopolio de la propiedad privada del suelo, de la que surge la renta absoluta, y el monopolio de la explotación del suelo, de la que surge la renta diferencial (I y II). “La propiedad privada de la tierra –dice Lenin- no crea la renta diferencial; la propiedad de la tierra es un monopolio, en virtud del cual el propietario exigirá al arrendatario el pago del arrendamiento por tales terrenos. Este pago es la renta absoluta… la ganancia adicional obtenida con una inversión más productiva del capital constituye la renta diferencial. Esta se origina con entera independencia de la propiedad privada de la tierra”. (10) 

 

   Por lo que venimos diciendo, apoyados en Lenin, Méndez D’Avila ha sido conducido a una posición errónea por la no correcta utilización de las categorías económicas hecha por el economista neo-positivista Juan Jované, ya que el resultado y la razón primaria del monopolio de la propiedad privada del C. M. E. estadounidense del suelo panameño es la percepción de un excedente sobre el beneficio medio, en la forma de renta absoluta, por parte del Estado burgués-terrateniente panameño. (11)

 

   Cabe aquí, como conclusión general, señalar que la eliminación de la desigualdad en el intercambio económico entre Panamá y los Estados Unidos de Norteamérica, proveniente de la relación contractual establecida entre “dos poderes políticos” a partir de la propiedad y la posesión de la POSICIÓN GEOGRÁFICA, no pasa por la “equidad” o la “paridad” en la distribución de la “renta territorial” generada. Como tampoco en el reclame de la plena captación de la misma, por parte del Estado burgués panameño, en la suposición de un cambio de la voluntad imperialista “para hacerla efectiva” (12).  ¡Eso es utopismo nacionalista pequeño burgués, es cubrir con buenas intenciones y palabras hueras a los reformistas nacional-liberales!”.

 

Termino.

 

 

¿ES EL NEOLIBERALISMO UNA NUEVA ETAPA DEL CAPITALISMO?

 

Comienzo. Aquí ya empezamos con algo concreto, dejamos el mundo de la especulación económico-histórica. Nuestro espadachín de la teoría del neoliberalismo –tomemos en cuenta él es un partidario de “izquierda” del keynesianismo de viejo tipo (13)- apunta: “En esencia, el capitalismo en su fase neoliberal se ha constituido, internacional y nacionalmente, como un proyecto para canalizar riqueza desde las clases dominadas hacia las clases dominantes y desde los países pobres hacia los países ricos” (Ibídem, p. 88. El subrayado es nuestro. N. d. Q. G.). Fase que se traduce en Panamá en, “(1) unaapertura aún mayor de nuestra economía y sociedad; y (2) un proceso deprivatizaciones que  no es sino el despojo y la desposesión de Riquezas Nacionales(pág. 83. Lo subrayado es del autor)  es decir, “Propiedad del Estado, lo que equivale a decir Propiedad  de todos los panameños”. (pág. 85. Aquí el subrayado es nuestro. Q. G.) Así tenemos, “riquezas nacionales” es equivalente a “propiedad del Estado” y “Estado” órgano por encima de las clases sociales y de la lucha de clases.

 

   Pero, vayamos al grano. Él habla de “fases” y no de etapas recorridas por el capitalismo en su desarrollo histórico. Obviemos, por ahora, eso de si lo uno o lo otro; puesto que no estamos para paradigmas terminológicos.  Sobre eso de la novísima fase del capitalismo o del imperialismo, esperamos aún que los teóricos del neoliberalismo puedan ponerse de acuerdo en cuanto al lugar que le correspondería dentro del sistema en general o de la forma particular  que ha llegado ulteriormente, resulta un lugar común señalar que luego de la muerte de Marx, Engels, Lenin y Stalin han aparecido nuevos fenómenos que ellos no han podido tomar en cuenta y que cambian sustancialmente la naturaleza del capitalismo imperialista.

 

¿Os atreveríais a dejar consignado cuáles son esos cambios estructurales o, como mínimo, en un aspecto esencial del capitalismo, los cuales fundamentarían la entrada de éste en una nueva etapa postimperialista? Lenin, luego de un estudio profundo del capitalismo y de la nueva etapa, a que ha llegado a partir del último tercio del siglo XIX, saca la conclusión que sólo existen dos: la de libre competencia y la de los monopolios o imperialismo. A la burguesía socialista, es decir revisionistas, trotskystas y reformistas de “izquierda”, eso no le basta. Ellos se sienten acuciados a “completar” a los Clásicos del Marxismo-Leninismo, los pobrecitos no lo vieron, supliendo la ciencia con la fantasía.

 

   Desde luego que han ocurrido modificaciones significativas desde la segunda mitad del siglo XX a hoy. Ellas son, esencialmente, tres y ninguna de ellas pone en cuestión al capitalismo en sí mismo: el completamiento de la contrarrevolución antisocialista en la URSS, Europa Oriental, Asia y América Latina;  la internacionalización de la economía y de las relaciones de producción capitalistas y la crisis económica mundial.

 

1        EL COMPLETAMIENTO DE LA CONTRARREVOLUCIÓN ANTISOCIALISTA (1956-2009). La restauración del capitalismo en los ex - primeros países socialistas se ha traducido, en la mente de amplios sectores de la clase obrera y pueblos del tercer mundo, como el acabamiento de una perspectiva alternativa al sistema capitalista mundial.  La burguesía imperialista, a partir de ello, propala: “El socialismo ha fracasado”, “no hay otro camino que el capitalismo”. En realidad, el socialismo no ha fracasado ha sido cortado por la traición de los revisionistas kruschovistas, los cuales han extendido su acción subvertidora por bien 53 años: abandonando la Línea General leninista de Construcción socialista y la Orientación General al Comunismo; negando la lucha de clases en el socialismo, propagando que el capitalismo y el socialismo podían vivir en coexistencia pacífica y que por medio de la emulación pacífica entre los dos sistemas antagónicos el socialismo vencería automáticamente; que la clase obrera no era más la clase dirigente en la revolución, por lo que los “militares” o la burguesía “socialista” podrían serlo; que, dado el Estado no era más instrumento de la dominación de clase, podría allegarse al poder por medios pacíficos, parlamentarios. Todo esto no era más que revisión del marxismo-leninismo y quebrar la conciencia y la vigilancia revolucionaria  de los trabajadores, con miras de facilitar la reconstitución de la burguesía y su retoma del poder en esos países otrora socialistas. En modo alguno, el capitalismo ha demostrado su superioridad sobre el socialismo;

Todo lo   contrario, la ruptura en los primeros países socialistas (lo que ya habían degenerados en revisionista-capitalistas, la dictadura del proletariado en dictadura fascista de la burguesía) ha significado mayor agudizamiento de las contradicciones fundamentales del imperialismo y de sus crisis general como sistema. La restauración del capitalismo se traducido en factor desencadenante de inestabilidad económica, crisis políticas y guerras de conquistas de áreas estratégicas.

 

2        LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y DE LAS RELACIONES CAPITALISTAS DE PRODUCCIÓN.  El triunfo de la revolución bolchevique, la consolidación del Estado soviético y la construcción de una sociedad socialista, la primera,  han roto la unicidad del mercado imperialista mundial y alterado la funcionalidad de las leyes económicas capitalistas.  Logro que se profundizó con la aparición del Campo Socialista y el surgimiento de un mercado mundial cualitativamente diverso e independiente de aquel. El triunfo de la contrarrevolución antisocialista, más su derivación más importante la reconstitución de la unidad relativa del mercado capitalista internacional, trastocó todo eso.

   Dado que, a partir de allí, la burguesía imperialista mundial retomó la iniciativa política y militar para hacer un salto adelante en la universalización de su economía y sus relaciones de producción. Sobre ello los estrategas, ideólogos y economistas burgueses trabajan con tres nociones:Internacionalización, lo que concerniría al intercambio de mercancías y capital-dinero. Es el reino del comercio y de las finanzas; Transnacionalización, en referencia a la producción, a la transferencia de la producción y capitales, y;Globalización, al entrelazamiento tendencial de la economía en un solo sistema mundial.

   Pero, si con eso se quiere significar una unificación internacional de los valores y de los precios de las mercancías ello resulta falso. Si con lo mismo se quiere remarcar de manera especial que la competencia ha alcanzado un nivel universal: esto ya ha sido logrado desde fines del siglo XIX, desde el momento mismo en que se ha dado por terminado el reparto económico y territorial del planeta. Hoy no hay espacios “libres” en el mundo, para conseguir áreas de expansión las potencias imperialistas deben conquistarlos mediante guerras de agresión (allí están como ejemplos Panamá, Yugoslavia, Irak y Afganistán). Y si a la “globalización” del sistema queréis referiros, entonces entonad cánticos de alabanza a Magallanes y a Elcano.

 

3        LA CRISIS ECONOMICA MUNDIAL. Luego del largo período de “vacas gordas” del capitalismo, iniciado con el fin de la II guerra mundial y el comienzo de la guerra fría, a finales de los años 60 se ha iniciado una nueva ola  de crisis que para 1973 ha estallado en toda su violencia, y la cual ha encontrado su punto ápice con la crisis financiera y económica del 2008.

   Esta crisis económica mundial propia del sistema imperialista actual, difiere radicalmente de aquellas del capitalismo concurrencial o pre-monopolista.  Esto porque al internacionalizar la economía capitalista ha universalizado las causas de la crisis y sus consecuencias económicas, sociales y políticas. Hundiendo a todo el planeta en el marasmo de la desestabilización política generalizada, guerras continúas y lucha implacable por la hegemonía en el mundo capitalista. Con lo que, además, pone de manifiesto de que el sistema capitalista internacional ha mutado en capitalismo agonizante. Agravada por y expresión de la Crisis General del Sistema, la burguesía imperialista internacional se ve al borde mismo del precipicio, del derrumbe final.

                Pero a su vez, dicha crisis destruye muchas de las ilusiones de la burguesía socialista, reformista y antirrevolucionaria por esencia, respecto al prolongamiento de la concertación de clase entre la clase obrera y la clase empresarial. Agarrada por el cuello por la crisis, la burguesía debe explotar y exprimir más plusvalía a los trabajadores, rebajar el precio de la Fuerza de Trabajo, alterar lesivamente la jornada de trabajo, quebrar la legislación laboral y la seguridad social de la clase obrera, etc. Eso agudiza la lucha de clases, la resistencia obrera y la conduce inevitablemente al camino de la revolución social.

 

   Como se puede ver, en conclusión, el imperialismo mundial es el mismo de los tiempos de Lenin, Stalin y Mao Tse-tung. Nada de lo ocurrido en este largo período apunta hacia la necesidad de sacarle la punta a una nueva fase o etapa del mismo.  El mallamado “Neoliberalismo”, en nuestro criterio, el cual es el de los marxistas-leninistas de todo el mundo, no es más que una dada ideología y una dada política económica imperialista, no una fase o nueva etapa postimperialista. 

 

   Todo esto es claro y, creo, no hace necesario mayor abundamiento al respecto. Pero, y nunca falta un pelo en la sopa, nuestro marxista de la primera etapa ha renglón seguido nos viene con eso de que,

 

   “en abono de la claridad conceptual, el modelo neoliberal no es otra cosa que el sistema capitalista actual. El capitalismo neoliberal es el capitalismo real, concreto y omnipresente en nuestros días. Ni tiene porqué haber otro” (Ibídem, p. 90). En abono de la verdad, esta claridad conceptual es más oscura que cuanto haya escrito el oscuro Heráclito (con el perdón del famoso materialista griego). Esto porque un “modelo” no es la realidad. Es una construcción discursiva, subjetiva, arbitraria, con la cual se busca amoldar la realidad económica y social, no reflejarla en la objetividad de su complejidad interna, sus contradicciones y leyes que rigen su desenvolvimiento. En realidad, sirve para todo y… para nada. Pero, aquí, si existe el contenido real (el capitalismo neoliberal), luego la abstracción conceptual encuentra su concreción, haciéndose real ella misma. Llegado aquí, Manduley siente, percibe, que algo no marcha en su construcción teórica. Por eso, concluye, dándole un puntapiés a su castillo de arena, “no hay modelo neoliberal, hay sistema capitalista tal y como ha llegado a ser, tal y como es hoy día” (ib., p. 91). ¡Existe, pero a la vez no existe! ¡Vaya las maravillas que tiene la lógica subjetiva!

 

    No le dejaré escapar tan fácilmente. Ud., señor, sí da por establecido que su “modelo neoliberal” se corresponde con su “capitalismo neoliberal”. A usted le toca demostrar que sí existe esa etapa postimperialista del capitalismo. Que el imperialismo, luego de los cambios ocurridos dentro de él, de capitalismo agonizante, como lo estableciesen Lenin y los mejores teóricos de la Internacional Comunista, ha devenido progresista y alargado su tiempo histórico. En fin, que ha podido retornar a su juventud.

 

   Vuelvo y le insisto, señor Manduley, afirmar no es confirmar.

 

Termino.

 

Comienzo:

                                                                                                                                 

 

EL DESVANECIMIENTO DE LA NATURALEZA DEL ESTADO

 

   Ciertamente, y lo creo, Manduley es un sincero anti-neoliberal. Más aun en su escrito da muestra de su profunda indignación por las atrocidades realizadas en nuestro país por la política económica neoliberal, aplicada por el imperialismo yanqui y la oligarquía panameña. Su indignación alcanza los más altos niveles cuando tiene que recontar la criminal política de privatizaciones de las empresas productivas del Estado y la brutal desposesión de los recursos naturales  y el despilfarro de las riquezas sociales (los trabajadores asalariados y trabajadores del campo) que realiza la parasitaria burguesía panameña. Empero, no le acompañamos en su implícito reconocimiento del capitalismo de estado. Sin cambiar revolucionariamente la naturaleza del actual Estado, sin que la clase obrera y sus aliados sociales y políticos se conviertan en nuevas clases dominantes y gobernantes, esa fórmula resulta francamente reaccionaria.

 

   Deberá, para ser consecuentemente, aclarar eso de “propiedad de  la nación” y aquello de “Estado de todos los panameños”. Esas son fórmulas nada marxistas, impregnadas hasta el tuétano de la reaccionaria visión liberal-burguesa del Estado. Esto es pasarse de Marx a Moscote y de Lenin a César Quintero. Ello destiñe gravemente su ortodoxia marxismo.

 

   Marx y Engels al elaborar los fundamentos de la doctrina socialista marxista han centrado su atención en dos cuestiones claves: aquella de la propiedad sobre los medios de producción y aquella sobre la naturaleza de clase del Estado. Como hemos visto Manduley se muestra de acuerdo con el aserto de que los medios de producción sean propiedad de la colectividad. Pero, para él dicha colectividad está representada por el Estado. Más aun compartiendo la idea, remarcada por Marx y Engels, que al final todos los medios de producción han de pasar a manos del Estado, insemina en la mente de la gente la idea distorsionante de que el Estado actual es necesario para poder pasar a una nueva organización de la vida social. Creemos a la sociedad socialista porque, en su libro, da muestras de simpatizar con tal idea o por lo menos no la cuestiona. Sólo que, al hablar del Estado como propietario de dichos medios de producción, olvida señalar que intereses colectivos de clase él representa. Esto, no vaya a pensarlo Usted, no es una cuestión de “dogmatismo” o de “seguidismo”, sino que de principios marxista-leninistas, revolucionarios proletarios.

 

   Escribiendo contra aquellos que soslayan la naturaleza de clase del Estado y cantan hosannas postrándose ante la majestad del mismo, Marx lapidariamente les ha señalado, “el Estado es  máquina de guerra nacional del capital contra el trabajo”. Por su parte, Federico Engels, en su magistral obra “El Origen de la  Familia, la Propiedad Privada y el Estado”, apunta: “El Estado… es un producto de la sociedad cuando llega a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se ha enredado en una irremediable contradicción consigo misma y está dividida por antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. Pero a fin de que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no consuman a la sociedad en una lucha estéril, se hace necesario un poder aparentemente por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el choque, a mantenerlo en los límites del ‘orden’. Y ese poder, nacido de la sociedad, pero que se pone por encima de ella y se divorcia de ella más y más, es el Estado” (Obra citada, O. E., pág. 606. Editorial Progreso. Moscú).

 

   Por su parte, Lenin ha de escribir: “Según Marx el Estado es un órgano de dominación de clase, un órgano de opresión de una clase por otra: es la creación de un ‘orden’ que legaliza y afirma esta opresión moderando los conflictos de clase. Según los políticos pequeño burgueses, el orden precisamente es la conciliación de las clases, y no la opresión de una clase por otra, moderar los conflictos, es concertar, y no quitarle ciertos medios y procedimientos de combate a las clases oprimidas en la lucha por el derrocamiento de los opresores”. Remarcando de seguido, “todas las revoluciones políticas no han hecho más que perfeccionar esta máquina lejos de destruirla”.

 

   Y finaliza señalando que, “esta deducción es lo principal, lo esencial, en la doctrina marxista del Estado. La esencia es saber si se conserva la vieja máquina estatal (enlazada por miles de hilos a la burguesía y empapada hasta la medula de rutina e inercia) o se la destruye, sustituyéndola con otra nueva. La revolución no debe consistir en que la nueva clase mande y gobierne con la ayuda de la vieja máquina del Estado, sino que destruya esta máquina y mande y gobierne con ayuda de otra nueva”.(Lenin, El Estado y la Revolución. O. C., tomo 33, p. 48. El subrayado es de Lenin).

 

   ¿Está Usted de acuerdo o no con ellos? Usted se proclama marxista, luego revolucionario socialista, por ende enemigo de la dictadura de la “cien familias” que explotan, oprimen y saquean, engordando como gusanos parásitos en organismos vivos, a la clase proletaria y sectores populares. Además, antiimperialista y anticapitalista “neoliberal”. Aunque en su libro la cosa no nos resulte clara y, por el contrario, deja surgir dudas razonables.

 

   Allí esta ese coqueteo con el ala ultraderechista de la burguesía católica panameña remitiéndose, sin que venga al caso, a ese fascista y Opusdéista Karol Wojtyla: “En breve ‘(en) un capitalismo salvaje que ahonda la diferencia entre ricos y pobres’ ” (p. 90).  Se puede explicar la atorrantada hipócrita de Juan Pablo II, el pobre sólo le provocaba leer la chequera del Banco Ambrosiano, pero, resulta imperdonable que Usted le de carta de ciudadanía a esa botaratada. 

 

    Pero, es el caso que Usted necesita esa manta, intolerante para un auténtico marxista-leninista- maoísta, para poder pasar su tesis neoliberalista de “izquierda” de oponer a ese invento papal del “capitalismo salvaje”, con la que se designa al capitalismo neoliberal “globalizado”, un capitalismo civilizado, regulador, estatalista y volcado al bienestar popular. Como no hace mucho se estilaba decir: “Un Estado torrijista que se bañaba en regadera” y, por ese medio… “salpicaba” a los “pobres” (la corruptora y tradicional política clientelista). ¿Qué le calumnio, dice? Abro su libro y en la página 120 encuentro estas asombrosas, pero comprometedoras, palabras: “La política nacionalista y las medidas de bienestar popular que impulsó Omar Torrijos”. ¿No es esto pretender asumir el papel de portabandera de “izquierda” de la tropilla de los neokeynesenianos de derecha?

 

   Ello, por cuanto con su expresión de “fase neoliberal” del capitalismo presupone, una vez más, que otra política es posible. Dado que al poner su acento en la ofensiva neoliberal de la derecha imperialista USA y de aquella de la burguesía neocolonial preconiza la implementación de una política alternativa de “izquierda”, dentro del sistema económico semifeudal y neocolonial y del sistema oligárquico de poder. ¿Por qué esta posible “política de izquierda” de defensa de las empresas productivas y de servicios del Estado –máquina de guerra nacional del capital contra el trabajo ¿Recuerda?-  han de ser mejor que aquella de derecha que las privatiza? Mas aún, es echar en saco roto las lecciones de la historia. Que la Orientación general y la línea general de la política económica, ya sean de izquierda o de derecha, son dictadas por la burguesía imperialista internacional, a través entre otras de la OMC, del FMI y del Banco Mundial, y que para poner fin a las privatizaciones y a todas esas medidas económica que le acompañan, y que Usted llama neoliberalismo, hay que cambiar de sistema social, hay que derrocar revolucionariamente al imperialismo, al capitalismo y la dictadura oligárquica de la burguesía semifeudal; de ahí, tomar el poder y “destruir” al Estado burgués semifeudal y neocolonial.

 

Soy consciente de que, hoy, máxime cuando el imperialismo norteamericano y con  los parásitos que medran en su putrefacto cuerpo, hundidos en el fascismo desatan una guerra contrarrevolucionaria preventiva contra las naciones y pueblos oprimidos, han logrado meter en la mente de la gente el temor a las palabras revolución, lucha armada, liberación nacional, dictadura del proletariado, socialismo y comunismo, resulta harto difícil propagar tales ideas.  Mucho valor y conciencia se requiere para asumirlas, defenderlas y llevarlas a vencer. Por eso, en este escrito crítico, le conmino a osar  reconocer los algunos yerros que aparecen en su libro y lo oscurecen, y haga las correcciones pertinentes.

 

(CIERRO)

Panamá, 28 de diciembre

de 2009

 

 

 

 

Notas

 

(1) Al respecto sería importante averiguar la cantidad de habitantes en el Istmo. Cantidad de tierras ocupadas y baldías. Cuántos los hacendados criollos y su localización. Cuántos los hacendados ricos; Cuántos los medianos y pequeños terratenientes (propietarios); Cuántos los campesinos pequeño propietarios y  cuánto los campesinos usufructuarios de las tierras comunales; A cuánto asciende la población suburbana y rural autoconsumista (evidentemente, estos hacen parte de los c. usufructuarios). Se puede hablar, dentro de los marcos de la economía política concreta, en aquella época, de semiproletarios o de subproletarios (peones, vaqueros, trabajadores domésticos de las haciendas, etc.). ¿Dónde clasificar a los “cayuqueros” del río Chagres, portadores de los pasantes del Caribe al Pacífico y viceversa?

 

(2) ¿Qué nación?

(3) ¿Os habéis fijado con que diplomacia rehúye el referirse a la “burguesía nacional”, ese cuco pseudoteórico del Trotskysmo mundial? Pero, además, deseo hacer los tres remarques siguientes: (a) No se puede confundir a la burguesía de un país (neo)colonial, semicolonial y dependientes, más aun con dominantes relaciones feudales, con la burguesía de aquellos países capitalistas avanzados, sin supervivencias feudales, opresores nacionalmente; (b) Mao ha demostrado que en los países nacionalmente oprimidos y con fuertes resabios semifeudales  existen, además de la clase terrateniente, la Gran burguesía Semifeudal –dividida en dos capas sociales, la de los compradores y la burocrática- y la burguesía media  industrial o nacional; (c) Resulta erróneo definir a la burguesía por su vinculación al imperialismo, cuando lo que hay que subrayar es el predominio de la contradicción  o de lasubordinación  de ella en su relación con los imperialistas en el terreno económico y político.

 

(4) Si la “no-burguesía” (lo de “rentistas” es poco decir. ¿Será la clase  terrateniente?) ya no puede (Tesis iii), y; el “conjunto del pueblo” (integrado, como se sabe, por la burguesía,  los campesinos, los pequeño burgueses urbanos y los obreros) si puede resolver esa contradicción (Tesis IV). Entonces, es deducible que, la burguesía tiene la dirección de dichos sectores populares.

 

(5) Cuando en esa época, en el Istmo,  no existía el proletariado ni tan siquiera como clase “en sí” y mucho menos como clase “para sí”. Lo que nos está señalando, nuestro “teórico” subjetivista, es que el socialismo es conquistable sin la participación y dirección de la clase obrera. ¡Menuda doctrina socialista marxista esta!

 

(6) En ningún lugar marxista-leninista-maoísta alguno ha identificado a la burguesía nacional solo con la  burguesía media, industrial, urbana, sino que entre sus componentes sociales han señalado y remarcado ha determinadas capas de la clase campesina, como portadoras de elementos democráticos y revolucionarios, antilatifundarios y antiimperialistas. De ahí, la asignación de los campesinos como aliados principales de la clase obrera en la revolución de nueva democracia. Ese papel a desempeñar por la clase campesina, tan caro a la estrategia leninista, ha sido rabiosa y repetidamente negado y combatido –con miras de salvaguardar la “pureza” de la revolución socialista- por los trotskystas y otros héroes del revolucionarismo pequeñoburgués.

 

(7)   Efectivamente, en el Tratado Hay-Bunau Varilla (1903 – 1999) se otorga a los Estados Unidos de Norteamérica el derecho de administrar el Canal y las áreas adyacentes “como si fuesen soberanos” y, eso, “a perpetuidad”. Lo que ha viciado dicho contrato bilateral de toda nulidad. Ese retruécano antijurídico gringo, con esa infame fórmula de a “perpetuidad”, no deja de tener como fundamento cierto viso de justificación dentro del Derecho comercial capitalista. De ello, nos habla V. Lenin: “Durante el plazo de vigencia del contrato de arrendamiento, la propiedad privada de la tierra deja de existir para el arrendatario: pagada la renta, se rescata, queda independizado de este monopolio… Cuando el nuevo gasto de capital… proporciona nuevo beneficio  ynueva renta, esta renta la recibe no el propietario de la tierrasino el arrendatario. El propietario de la tierra recibirá esta nueva renta después de que expire el plazo del viejo contrato de arrendamiento, después de que sea concertado un nuevo contrato de arrendamiento… se comprende, pues, porque a los arrendatarios les conviene… el contrato de arrendamiento a largo plazo”. Ya te estás dando cuenta el por qué el gobierno estadounidense ha firmado el Tratado Carter-Torrijos: Ellos, los imperialistas,  desde ese entonces se afanan por imponernos un  NUEVO TRATADO CANALERO, por ahora dosificadamente.

(8)   Quede claro la nítida diferenciación, objetiva, entre el monopolio imperialista sobre la posición geográfica y el monopolio yanqui del Canal y áreas adyacentes (la empresa monopolista estatal, suelo y aguas).

(9)   A esos cuatro puntos, debemos agregar lo siguiente: La ganancia de la que se apropia la Administración de la Comisión del Canal de Panamá, representante del Estado imperialista norteamericano,  no sólo simplemente proviene de la relación establecida con los usuarios del Canal, sino que, y es lo más importante, se origina de la explotación asalariada de ese sector canalero de la clase obrera (pilotos, prácticos, personal de mantenimiento y administrativo, etc.), los que llevan adelante y la responsabilidad del funcionamiento del Canal, y los únicos que generan esa enorme masa de plusvalía generalizada que se han robado los gringos, primero, y esa empresa oligárquica monopolista de estado después. (N. d. Q. G., 2009)

(10)Antonio Pesenti, Lecciones de Economía Política, p. 178)

(11)Vladimir Ilich Lenin, El problema agrario y los “críticos de Marx”, p. 25. Ed. Progreso. Moscú.

(12)“Negar la renta absoluta es negar la importancia económica de la propiedad privada de la tierra bajo el capitalismo. Quién solo reconoce la existencia de la renta diferencial, llega de un modo inevitable a la conclusión de que las condiciones de la economía capitalista y del desarrollo capitalista no cambian en absoluto por el hecho de que la tierra sea propiedad del Estado o propiedad de particulares. En ambos casos, desde el punto de vista de la teoría que niega la renta absoluta, sólo existe la renta diferencial”. (V. I. Lenin, El programa agrario de la socialdemocracia en la primera revolución rusa de 1905-1907. Pág. 105).

(13)Como en 1999 el Canal, las áreas adyacentes y la ganancia extraordinaria allí generada han pasado a manos de la burguesía burocrática panameña podría pensarse que esta tesis es equivocada. Pero, ello no sería correcto. El imperialismo en virtud de los mismos Tratados Carter-Torrijos, así como de los subsiguientes Acuerdos y Convenios suscritos por el Estado oligárquico y la Casa Blanca, se ha asegurado la continuidad de su monopolio sobre la posición geográfica y de su control decisorio sobre la Administración del Canal. Allí se encuentran la Junta de Asesores Militares, entidades oficiales norteamericanas que vigilan y controlan el manejo y uso de dichos fondos en interés de USA, los tratos preferenciales a las empresas monopolistas gringas en las inversiones de sostenimiento y “modernización” del Canal, el atamiento del mismo a los préstamos del FMI y del Banco Mundial, etc. Todo ellos encaminados a asegurar la masa y la cuota de beneficio percibidos por el imperialismo, en la distribución de las entradas del Canal. (dic. 2009).