ANTICRITICA

29.03.2012 22:53

 

ANTICRITICA

(La teoría leninista del Partido, según Borón)

 

por: Quibian Gaytan

10 - Julio - 2008

 

¿QUÉ TEORÍA DEL PARTIDO?

 

       Si las ideas correctas no nos caen del cielo, ni son innatas, entonces, ¿cómo sabremos si son justas? Así como un pudín se prueba comiéndolo, la justeza de las ideas, de nuestras ideas, ha de probarse con nuestra propia praxis revolucionaria. Las ideas marxistas han surgido desde las raíces de las contradicciones inherentes a la sociedad capitalista y se han afirmado convirtiéndose en fuerza material, revolucionaria, en la conciencia activa de la clase proletaria en el transcurso de  bicentenaria lucha de clase contra la burguesía. Ese devenir de la no-consciencia a la conciencia de clase y de ahí en conciencia de clase comunista, es un proceso histórico, el cual se ha mostrado exacto y cumplido con la existencia por bien 37 años del  Partido Comunista Mundial y en sus principales realizaciones. El cual no pudo no reflejar la marcha ascencional de la clase obrera hacia un estadio superior y más avanzado de cognición científica de la realidad social, concretada en Doctrina marxista del Partido, por la cual ha sido posible el poder haberse dotado  de esa herramienta política, intransigentemente clasista y consecuentemente revolucionaria, que le ha permitido hacer realidad su autoemancipación social y el aliviamiento de la pesada carga capitalista llevada por toda la humanidad trabajadora, por poco más de medio siglo.

 

  Este desarrollo de la doctrina del Partido Marxista revolucionario ha podido sólo lograrse en el transcurso de ardua y firme lucha, entre la visión y línea socialdemócrata  y la   visión y línea comunista del partido obrero; así como igualmente contra  ideas y teorías que la han precedido o pretendido sucederla, y que en la práctica han terminado por alterarla o  negarla simple y llanamente.

 

   Todo el quid de esta grandiosa polémica ha girado alrededor de la negación de la necesidad del Partido Comunista como la parte más avanzada del proletariado,  de su papel dirigente en la revolución y  en la dictadura del proletariado. Negar esta verdad, se ha traducido en los hechos, desde un punto de vista de clase, en otorgarle la dirección a la burguesía y no a la clase obrera dado que no ha existido o existe otra alternativa ni en el ámbito teórico o a escala práctico político. Eso ha sido confirmado, en el devenir de poco más de dos siglos, desde el histórico Manifiesto del Partido Comunista (1847) hasta la fundación de la Internacional Comunista en 1919. Ni con el Anarquismo, el cual por  cierto tiempo ha arrastrado tras de sí  a una parte de la clase obrera, sin que eso significase un paso hacia el poder; ni con la Socialdemocracia, la  que por muchas décadas ha estado en el poder en diversos países avanzados o no, sin que ello se haya traducido a algo parecido a aproximarse a los inicios de la construcción del socialismo, sino que todo lo contrario  consolidado el Capitalismo monopolista de estado. 

 

   Esa lucha ideológica, por la construcción del partido obrero revolucionario independiente,  es el reflejo en el cerebro humano de la lucha de clases que desgarra a la sociedad capitalista. Por lo que, existente ésta no puede darse por terminada la histórica contienda entre partidismo y antipartidismo, visión y línea marxista-leninista del partido proletario o visión y línea liberal-anarquista en materia de organización.  Ella,  permeando todo ese estadio concurrencial del capitalismo, ha  dado fisonomía política y estilo organizativo  de actuación al moderno sujeto de transformación social, lo que ha particularizado a la clase proletaria de toda otra clase existente en la historia o dentro de la formación económico-política capitalista.

 

   Por lo que al entrar ésta última a su fase nueva y superior, al imperialismo, las ideas correctas propias al viejo estadio deberían de corresponder a lo no conocido aún. De hecho, en manos de los intérpretes de la vieja escuela  marxista no correspondieron. O, lo que es lo mismo, no pudiendo  lograrlo  se empantanaron en las posiciones organicistas del reformismo y del viejo revisionismo.

 

El desarrollo económico y político de la sociedad capitalista, el imperialismo, la entrada de la primera Crisis General del Sistema y, en esas condiciones, el aperturamiento de una situación revolucionaria en desarrollo, impusieron a la clase obrera el avanzar la teoría marxista del partido proletario a un nuevo estadio de investigación teórica, a la adopción de nuevos métodos y de nuevos estilos de dirección y estilos de trabajo político  de masas. La inminencia del estallido de la crisis revolucionaria, con su previsible desatamiento de las revoluciones proletarias socialistas por doquier, impuso el afinamiento de la teoría marxista del partido a través de la lucha de las diversas escuelas de interpretación de la misma (He aquí una lista aproximativa de ellas: lassalleanos y eisenacheanos, guedistas y posibilistas, fabianos y socialdemócratas, revisionistas y ortodoxos, socialdemócratas amplios y estrechos, parlamentaristas y revolucionarios, socialnacionalistas e internacionalistas, mencheviques y bolcheviques, etc.). Sólo la escuela marxista de los bolcheviques, bajo la guía de Lenin, logró romper la costra herrumbrosa que cubría a los viejos partidos obreros socialdemocráticos y avanzar por la senda de la construcción de un partido obrero de nuevo tipo, el Partido Comunista.

 

   En conclusión, una idea, una teoría, sólo puede afirmarse en el devenir de la práctica social de la clase revolucionaria. Práctica que necesariamente ha de desenvolverse a tres niveles de la lucha: (1) En el campo económico de la lucha; (2) en la práctica de la lucha revolucionaria de clase, es decir, en la lucha política y en la lucha militar, y; (3) en la práctica de la lucha ideológica de clase, es decir, en la elaboración teórica y en la comprobación de las ideas elaboradas en el transcurso de la práctica revolucionaria por la posesión del poder político del Estado. En estos campos del pensamiento organizativo, el Leninismo, como condensado de la teoría del Partido Comunista y de su estrategia y táctica revolucionario proletaria, ha ganado su sitial y con ello el reconocimiento universal del mundo del trabajo. Pero, el Leninismo no ha sido una ruptura en el Marxismo, sino su continuación y elevamiento a otro estadio cognoscitivo y práctico revolucionario de la realidad económica y política del mundo: al Marxismo-Leninismo. 

 

  El argentino  Atilio Borón, lanza en ristre, en un reciente artículo reflexivo sobre las enseñanzas de la obra ¿Qué Hacer?, arremete contra esta conclusión. Él intentando cubrir desde la izquierda el fracasado revisionismo moderno, a todo lo largo de su monografía invalida la aplicación organizativa de la teoría Marxista-Leninista, acusándola de traicionar el "leninismo" y propugnar prácticamente la podrida teoría del sustituimos. Pero, tras  su gongoriana fraseología sólo atina a repetir las falsedades de Jruschev y de los imperialistas contra la misma. Sería ocioso que le pidiéramos las pruebas de sus acusaciones.

  

   En su apresurado y desesperado intento de demarcarse de Stalin y sus aportaciones desarrollistas de la teoría marxista, él cree que la simple negación es argumento. Por lo que, en su ensayo no hace el menor intento de confrontar sus tesis con las tesis elaboradas por Stalin, ni tampoco las examina históricamente y ni las somete al examen crítico de las lecciones dimanantes de la praxis revolucionaria del movimiento comunista internacional. Simplemente las rechaza y ya. No obstante el hecho de que Stalin, afirmo y reafirmo, ha sido el más fiel y completo interprete y continuador de las tesis leninistas expuestas en  ¿Qué Hacer?

 

   Para convencerse de la justeza de esta conclusión nuestra sólo basta leer, aunque sea, el primer Tomo de sus Obras Completas. Es más, aquí en Panamá, ha sido nuestro Partido el primero que ha reproducido y distribuido los artículos de Stalin La clase de los proletarios y el partido de los proletarios y Brevemente sobre las discrepancias en nuestro Partido. Dedicados ambos a defender las tesis leninistas de la organización partidaria y a criticar las tesis oportunistas de Martov y  la naciente tendencia Menchevique.  

 

LO ESENCIAL DE LA TEORÍA LENINISTA DEL PARTIDO COMUNISTA

 

   La teoría leninista del Partido, para muchos de sus críticos de ayer y de hoy, entre los cuales se encuentra Borón, empieza y acaba por el "¿Qué Hacer?", escrito en 1902. Si se hubiesen molestado en tratar la misma con mayor seriedad, entonces encontrarían que a dicha obra Lenin le hace preceder de escritos suyos que sentarán los fundamentos ideológicos y políticos de la misma: Nuestro Programa (1899), Tareas urgentes de nuestro movimiento (1900) y ¿Por dónde empezar?   (1901). 

 

   Obras en la que Lenin esboza, en primer lugar, la visión y línea normativas de las tareas políticas e ideológicas de los socialdemócratas rusos y; dos, las tareas organizativas del instrumento necesario para la materialización del objetivo del derrocamiento revolucionario del régimen zarista. ¿Qué hacer? no es pues entendible como simplemente cosmovisión organicista primaria del revolucionario ruso, sino la expresión generalizadora de una visión política y organizativa ya formada. ¿Ya formada?, se preguntarán. ¿Acaso Lenin, criticando aspectos de los señalados en ¿Qué Hacer? no los corrigió con el transcurrir del tiempo y de la experiencia acumulada posteriormente? Ciertamente, la visión del Partido de Lenin varío con los enriquecimientos teóricos posteriores. Pero, cabe señalar que hubieron de pasar, primero 12 años y la mediación de la primera revolución rusa (1905-07), para que hiciera esos ulteriores aggiornamentos a su teoría del Partido. Allí están, sólo para citar dos escritos suyos, Un paso adelante y dos atrás y Carta a un camarada sobre organización. Y es que la teoría del Partido esbozada en  ¿Qué  Hacer?, no es, ni nunca ha sido, un recetario o un canon de fórmulas muertas, fosilizadas.

  

   Los cierto es que, Lenin, en el transcurso de la lucha contra los oportunistas economicistas, los que ponían énfasis en la tendencia espontánea del proletariado al socialismo por la lucha económica y al amorfismo en materia de organización, y en las condiciones de extrema clandestinidad a la que se veían forzado los revolucionarios rusos por un régimen autocrático-policial, como el zarista,  hubo de "torcer un poco la barra" en caliente, remarcan la centralidad respecto a la democracia interna. 

 

   Cuando las condiciones políticas hubieron variado, como fue en los períodos   de 1905-07 y  1917, Lenin en sus escritos y luchas en materia de organización  pondrá su atención en el otro aspecto de la contradicción: la democracia interna. Ello sin sacrificar en lo más mínimo la necesaria correspondencia del centralismo-democrático. Por lo que se equivocan los anti-centralistas de hoy, cuando consideran el "centralismo", el "funcionarismo" y el "vanguardismo" como sinónimos de la "negación de la democracia" en el Partido; como quién dice, los lados más débiles de la teoría del Partido Comunista de Lenin y Stalin.  Los que resultan, realmente, ser sus lados más fuertes y justos.

 

   Borón y todos los anti-centralistas, como aquellos de ayer, muy oportunamente olvidan que muchas veces y en diferentes momentos, ha señalado Lenin  que la democracia formal siempre está sujeta a la oportunidad revolucionaria.

 

   Ella, la visión y línea leninista de construcción del Partido Comunista, a la luz del desenvolvimiento de la lucha de clases y de la experiencia práctica revolucionaria de los mejores y más fieles  discípulos, Stalin y Mao, ha tenido más y nuevos enriquecimientos  teóricos. Hasta conformar una visión armoniosa, integral y científica, la Teoría Marxista-Leninista del Partido Comunista.

 

   Diga Borón y sus semejantes, en sus afanes de cubrir la traición en materia de  organización leninista del  partido de los revisionistas modernos, lo que quieran. Pero, la teoría marxista-leninista del Partido Comunista, y no  simplemente "de partido" en general,  sigue siendo una realidad ideológica, política y organizativa vivita y en desarrollo. Ella, hoy, se corona en su desarrollo, pese a que Borón y cía. intenten exhorcizarla, combatirla u ocultarla, como Teoría marxista-leninista-pensamiento de Mao en el internacional Movimiento comunista marxista-leninista-maoísta.

 

   Esto para empezar. Contra una lectura primaria de ¿Qué Hacer?, la que intenta reducir su materia a una teoría de la organización,  de lo que se trata realmente es de elaboración de  la Línea y Dirección. Esto lo sabe Borón, o al menos lo intuye, aunque intente ocultarlo tras hojarascas verbales. El mismo nos habla de " en Lenin sobresale entre  todos por su preocupación sistemática en torno a los problemas organizativos". Y apoyándose en otro despistado por su fobia antistaliniana como Liebman, le aplaude “… la idea misma de organización ocupa en el leninismo un lugar esencial: organización del instrumento revolucionario, organización de la misma revolución, organización de la sociedad surgida de la revolución” (1978: 20, subrayado en el original). Se equivoca.

 

 Esto es, Borón no llega a comprender, lo que no es el caso de Stalin y Mao, el centralismo democrático como principio y alma viva del Partido Comunista. De un partido revolucionario que aprenda y sepa unir a sus militantes y clase en una única voluntad de ideas,  voluntad de objetivos y voluntad de tareas. De la existencia de un Partido revolucionario, como el Partido Comunista Mundial, armado con la teoría marxista-leninista, de un método de dirección y estilo de trabajo marxistas-leninistas, las que sean normas y guía para todos y cada uno de sus militantes. Se trata pues de qué si es o no necesario un Partido centralizado, vertical, estructurado de arriba abajo y de abajo hacia arriba, con una disciplina única, tanto para Dirigentes como para dirigidos. Capaz de  unificar y coordinar todas las luchas de las masas obreras y masas populares, para centralizar y sistematizar las ideas justas de las mismas, para movilizarlas alrededor de consignas de acción resolutivas de tareas concretas de la revolución y que a la vez sirvan de medio de educación y forjamiento de una conciencia de clase comunistas prefigurante de la sociedad a edificar. Todo eso, se concluye, sólo es realizable si existe una diáfana relación democrática entre los dirigentes revolucionarios y las masas de la clase revolucionaria. La teoría marxista-leninista- maoísta del Partido presupone y establece una irrompible relación entre centralismo y democracia, relación dialéctica determinada por las condiciones histórico-políticas concretas del desenvolvimiento de la lucha de clases y de la revolución.

 

   El quid de toda la cuestión, es la esencia del mensaje de ¿Qué Hacer?, el poner al mando las cuestiones políticas (la toma del poder) y no lo organizativo. En otras palabras, la organización debe servir a la política y no la política a la organización. La política proletaria, marxista-leninista, es mando y guía para la Organización (esto es, el Partido). Frente a ello, los "marxistas de regreso", y de los cuales forma parte no modesta por cierto el mismo Borón, bajo la excusa y pretendiendo el "retornar a las fuentes originales del marxismo", y del leninismo en particular, debilitan y distorsionan en sus reinterpretaciones modernísimas la doctrina Marxista-Leninista, y; ocultan arbitrariamente todo ese período de la conquista del poder y de la construcción del socialismo en catorce países, bajo la orientación estratégica de la Internacional Comunista, más las del  Kominform, y teniendo a su guía a los Partidos Comunistas aún no revisionistas, y armados con una doctrina revolucionaria proletaria, probada en mil batallas de la lucha de clases como lo ha sido, lo es y será dicha doctrina que hoy se pretende dar por invalidada.

 

    Borón apertura un debate, aquí en América Latina y Panamá, dónde hoy las relaciones capitalistas se han afirmado y, por ende, el proletariado se ha acrecido numéricamente y orgánicamente, hechos objetivos que el no percibe. De ahí, su peregrina afirmación del "proletariado moribundo", tirada así como una cualquier verdad que no necesitase demostración. Él mira con la cabeza vuelta al pasado, no se trata de un debate académico de vacías teorizaciones, se trata de la revolución ininterrumpida por etapas y de la edificación del arma dirigente de la misma para el presente. En su lucha contra el Marxismo-Leninismo en general, y la teoría  marxista-leninista del Partido, en particular, él, Borón, tergiversa la lectura del ¿Qué Hacer? y falsifica, en general, de la manera más burda a Lenin.

 

   Para ello utiliza, para sustentar  su torcida reléctura de Marx y Lenin como yacama para remover el piso leninista del Partido marxista-leninista, a  revisionistas y anticomunistas históricos como Kauztki, Weber, Gramsci, Cerroni, etc. Según él de mayor seriedad y peso valorativo, en dicha materia, que Stalin y demás "académicos soviéticos", sobretodo de ese cuco de sus sueños el "marxismo-leninismo" (las venenosas comillas son de Borón mismo), los que a su parecer han falseado a Lenin. ¿Defendéis el "leninismo no contaminado" de Gramsci? Pues cometéis un grueso error. ¿Qué tiene de leninista su idea de la "hegemonía" (que diluye la dirección del proletariado en la revolución),  lo de la "guerra de posiciones" (que niega la violencia revolucionaria y el asalto insurreccional del poder) y esa ideucha suya del "bloque histórico" (la que introduce la disgregadora  idea del pluralismo ideológico y el multipartidismo que de hecho niega el papel dirigente del Partido Comunista)? No es pues tan inocente esa referencia de Borón a  éste  revisionista. 

 

   Basta osar pasar los ojos por el escrito de Borón para verle, regodeándose en su charca hedionda, tirando lodo contra Stalin y los marxistas-leninistas. ¿Nos encogeremos de hombro ante tanta infamia? ¿Os ofenderéis si llamo a eso desenfrenado anticomunismo moderno?

 

   Sí, como lo digo y redigo, anticomunismo moderno. Renegar del Marxismo-Leninismo, fingiendo retornar a la fuente original del leninismo o del marxismo. Repudiar, en aras de un supuesto "leninismo" puro, toda la rica e histórica experiencia de la Internacional Comunista, de la construcción del primer país socialista del mundo, la URSS de Lenin y Stalin, y de la conformación del Primer Campo Socialista Mundial, no es más que  moderno anticomunismo. El cual sólo puede  tener como matriz, por un lado una cesión cobarde  al  anticomunismo imperialista y por el otro autodefinirse con el neorevisionismo antimarxista-leninista. 

 

   Que si no. Veamos qué nos ofrece Borón y cómo. Él nos ofrece la teoría del "justo medio" entre la dogmatización del leninismo por los soviéticos y el rechazo del mundo occidental (¿Todo junto? ¿Inclusive, las clases explotadas,  los trabajadores?), con lo cual busca "  restablecer el equilibrio histórico y político en torno a una obra como la que el lector tiene en sus manos, evitando extremos esterilizantes. La coyuntura política de América Latina a comienzos del siglo XXI reclama a gritos una relectura seria, crítica y creativa de la obra de Lenin".

 

   ¿A qué se reduce esta relectura? Ella se reduce a la palabreja "equilibrio" entre comunismo y liberalismo en materia de partido. ¿Qué equilibrio puede haber, entre los proletarios comunistas y su leninismo y los capitalistas y su liberalismo? Cuando en el transcurso de feroz lucha de clases, de la lucha del partido de la revolución y del partido de la contrarrevolución se enfrentan a muerte, y,  el destino del mundo  queda sometido a la unidad orgánica combatiente de la clase obrera con consciencia de clase comunista. Cuando él mismo, en su relectura "seria, creativa", crítica la visión y línea del Partido comunista no dentro de su posición real de clase, sino que colocándose fuera y contra ella. ¿Qué busca? Sólo ocultar, tras un ideologismo barato, que se ha pasado al otro lado de la barricada escogida un día. Dicho esto, no queda más que señalar, con la claridad más diáfana, Borón intenta pasar de contrabando  su oportunismo de derecha en materia de organización.

 

   Para ello, después de cubrir eso con una torcida fraseología, nada marxista por cierto, hace apelo a otro autor tan desviado como él y que nada nuevo aporta, sino la vieja morralla menchevique del partido. Y cita: "Este es, según Sánchez Vázquez, el núcleo del argumento leninista. Como conclusión, el verdadero sujeto histórico dejaría de ser la clase obrera, como pensaba Marx, y pasaría a ser el partido. Esta teoría leninista, de raigambre kautskiana, criticada desde el primer momento por Plejánov, Trotsky  y Rosa Luxemburgo, se convertiría a la muerte de Lenin y con el ascenso de Stalin en la concepción excluyente del partido de la Tercera Internacional. En su versión estalinista, el “sustitutivismo” se consuma a la perfección: el protagonismo de la clase pasa al partido, para pasar luego a su Comité Central y, finalmente, a su Secretario General, cumpliéndose así el sombrío vaticinio de Trotsky".  El pez por la boca muere. Si no, veamos más de cerca esta cita de Sancho dada por Don Quijote. Resulta que en "el núcleo del argumento leninista", aunque aún imperfectamente formulado, estaría la afirmación de que "el verdadero sujeto histórico... la clase obrera...",  es suplantado por el partido. Y que tal  "teoría" sólo con Stalin llegó "a la perfección". ¡Que traten de probar eso, Obras de Lenin en manos! Pero, en realidad, ello significa rechazar la visión y la línea leninista de edificación del Partido Comunista, lo que le liga, a él mismo, con la visión sociologista socialdemocrática  del partido de Kautski y de Rosa Luxemburgo, para justificar a posteriori aquella venenosa acusación dirigida a  Lenin de "sustituimo", de matriz trotskysta. ¡!Canalla¡!

 

   Borón, en esas cortas líneas, expresa tres errores (para no decir, mentiras): Una, Carlos Kautski jamás ha estado a la raíz o ha sido inspirador de la teoría leninista del Partido. Él siempre se ha atenido hasta lo últimos días de su vida a  la visión  sociologista tradicional del partido de la Segunda Internacional, para la cual el "partido era la clase" y "la clase era el partido"; dos, Lenin ha elaborado, para dentro de las condiciones políticas particulares de Rusia zarista,  su teoría del Partido como la parte más avanzada, consciente y organizada revolucionariamente de la clase. Nunca ha propugnado la suplantación de la clase revolucionaria de vanguardia por su destacamento de vanguardia; tres, R. Luxemburgo inicialmente compartiendo la visión sociologista tradicional del partido de la Segunda Internacional y plegándose a los mencheviques rusos, ha criticado y polemizado con Lenin por un supuesto "ultracentralismo". Empero, luego de su salida de prisión, en 1918, ha adherido a la línea leninista del Partido y, ella misma ha sido cofundadora del Partido Comunista de Alemania, sección de la Internacional Comunista. Y en cuanto a eso de las posiciones "críticas" asumidas por Plejánov y Trotsky, habría que recordarle que el primero en el II Congreso del POSDR compartió posiciones paralelas a las de Lenin y sólo inmediatamente después, con la excusa de salvaguardar la "unidad del Partido" se abrió a las posiciones de los Mencheviques; en cuanto al segundo en la primera etapa del evento congresual actúo junto a Lenin, alejándose de él en la segunda y alineándose con los mártovistas.

 

   ¿Se va dando cuenta el lector del juego-ataque de Borón? Escudado tras el tenue velo ideologista-organicista que realmente podemos encontrar en ¿Qué Hacer?, opone Lenin a Stalin y, por este medio, invalidar, mediante un fraude manifiesto,  no ya sólo la teoría leninista-stalinista del Partido Comunista, sino que  llevarse por los cachos al mismísimo Lenin.  Por lo que, su pretendido "regreso al marxismo", su retorno al leninismo incontaminado, no es más que zambullirse en las aguas pantanosas del menchevismo en materia de partido. La misma miserable acción, antes que él,  se empeñaron en realizar los revisionistas modernos soviéticos: Comenzaron atacando a Stalin y terminaron renegando de Lenin y Marx (¡Mirad aunque sólo sea, su tristemente célebre tesis del "Partido de todo el pueblo"!). Para él, en conclusión, ésta su obra, como todas las que la anteceden, tienen un mismo objetivo el ataque al Marxismo-Leninismo como fundamento teórico de la acción revolucionaria organizada del proletariado en América Latina.

 

   A su entender la teoría leninista-stalinista del partido está superada, resulta un arma inservible. Es la hora del movimientismo, del  plurideologismo, del pluriclasismo, del partido-masa o de un subsucedáneo en nada parecido a un auténtico partido revolucionario proletario. Eso quisiera. 

  

   ¿Dónde se acoda esa pretensión de invalidar el Marxismo-Leninismo, como continuación y elevamiento cualitativo del  marxismo a una segunda fase de su desarrollo, de Borón y toda esa camada de "marxistas de regreso"? ¿Cuál es su raíz de clase? 

 

   Lo primero a remarcar es que tal idea no le ha venido de la nada.  Puesto que desde la victoria de la Gran Revolución Socialista de Octubre, 1917, y el aperturamiento de la época del imperialismo y la revolución proletaria mundial como nuevo estadio en el desarrollo histórico de la humanidad, los partidos burgueses que han buscado una clientela obrera, es decir, del ala izquierda de la burguesía, han levantado la bandera del rechazo del marxismo-leninismo en nombre del "marxismo".  El oponer a Marx a Lenin y Stalin, repitiendo la vieja maniobra falaz de oponer a Marx a Federico Engels ensayada por los viejos revisionistas.  Con miras de influir y utilizar a la parte atrasada de la clase proletaria y a los elementos vacilantes, oportunistas, del naciente movimiento comunista como freno, en un primer momento,  para luego convertirlos en instrumento suyo en la lucha contra la revolución y el comunismo.

 

   Borón y sus cofrades, en Argentina y Panamá, no han osado hacerse las preguntas claves siguientes:

 

1- ¿Por qué los partidos comunistas fundados en los años 20 debían asumir el Marxismo-Leninismo como patrimonio teórico y práctico y no simplemente el marxismo?

 

    Porque siendo productos directos de la Crisis General del Sistema Capitalista Mundial y, por consiguiente, de la maduración y estallido de la Crisis Revolucionaria General dichos partidos para estar a la altura de las tareas políticas que tal situación le exigía, tenían  que distinguirse de los podridos partidos obreros socialdemócratas que no apoyaban ni hacían suyos las enseñanzas de la Revolución de Octubre, atacaban la dictadura del proletariado y rehusaban adherirse a la Internacional Comunista y por el contrario persistían en la vieja táctica de lucha parlamentarista, pacifista y de cohabitación con la burguesía.  Métodos y tácticas que no correspondían ya a la exigencia de la clase obrera de sacudirse la dictadura capitalista, mediante la revolución socialista. Era, por tanto, más que necesario urgente el romper radicalmente, ideológica y orgánicamente, con ellos y no el limitarse a "criticar" las deformaciones y mutilaciones que por tantos años habían sometido al Marxismo. Era, pues, urgente esta ruptura con los traidores al Marxismo  y a la revolución socialista proletaria; como necesaria dar respuesta a la exigencia de elaborar nuevos conceptos teóricos políticos y el construir de manera diferente  los nuevos partidos obreros revolucionarios.

 

2- ¿Cuáles eran los elementos innovadores del leninismo con relación al marxismo?

 

      En apretada sintesis, Lenin, apoyado en el Pensamiento-guía de Carlos Marx y Federico Engels,  ha impulsado y enriquecido cualitativamente la Concepción General marxista del mundo y de la vida social a tono con las nuevas condiciones creadas por el cierre de la época del capitalismo con su pasaje a la etapa imperialista y el comienzo de la revolución proletaria socialista. Asimismo, dotando al proletariado revolucionario de un método de acción  acorde con las necesidades de la lucha política puestas  al día; de una estrategia y una táctica revolucionaria consona con la lucha por el derrocamiento del imperialismo y la conquista del socialismo;  reelaborando la teoría de la dictadura del proletariado y llevándola al punto práctico. Más aun, sentando las bases teóricas y prácticas del instrumento de transformación política del viejo sistema: El Partido Comunista, sujeto y promotor de la revolución y construcción  socialista.

  

   Estos nuevos  elementos innovadores del marxismo realizados por el camarada Lenin no podían no devenir  en condiciones indispensables para pertenecer al Partido Comunista Mundial. Así el Leninismo devino en fundamento ideológico para la existencia del movimiento político de los comunistas y de todas sus realizaciones político revolucionarias de la primera mitad del siglo XX.

 

   Borón y socios podrán hacer chacotas, de negro humor, contra el camarada Stalin y los Marxistas-Leninistas. Pero, al final serán los proletarios y los pueblos revolucionarios del mundo y de nuestra América los que le repudiaran y se apartarán de ellos, por su empecinamiento en mantenerse del lado equivocado de la barricada, al lado de la burguesía.

 

   Sí, es cierto. El camarada Stalin y con él los comunistas, luego de la muerte de Lenin en 1924, han reclamado para él el sitial que le corresponde como fundador de la nueva etapa del marxismo: el Marxismo-Leninismo. ¿Ello fue un abuso de Stalin, fue un equivoco de los "revolucionarios despistados" (como tan zaherientemente califica Borón a los comunistas internacionalistas)? No, para nada. Eso fue correcto y necesario, como hemos visto.

  

   El camarada Stalin ha sabido, oportunamente, fundamentar teóricamente su reclamo, como el de todos los bolcheviques rusos, el por que del Leninismo como continuador del Marxismo. Él en una serie de conferencias dictadas en la Universidad de Sverdlov, posteriormente editadas en folleto titulado Fundamentos del Leninismo, luego de  demostrar la falsedad de los asertos de que "el leninismo es la aplicación del marxismo a las condiciones específicas de la situación rusa" y de que "el leninismo supone el renacimiento de los elementos revolucionarios del marxismo" enterrado por los oportunistas de la II Internacional, deja por sentado que "el leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y la revolución proletaria". Pasando a fundamentar ésta afirmación de seguido enumerando una a una las aportaciones de Lenin a la ciencia de la revolución proletaria. Como conclusión, señala Stalin, en las nuevas condiciones de la lucha revolucionaria proletaria, dentro de la nueva época, de que ya no bastaba ser marxista si no se era leninista, es decir, que era necesario ser marxista-leninista. Borón y socios, los "marxistas de regreso",  conocen ese texto y esos pasajes, si no están de acuerdo con ellos deben refutarlos y demostrar que el leninismo es una mera continuidad de "marxismo". Pero, en vez de un ataque serio de respuesta ellos se dedican a soltar risitas y pullas sin sentido. ¡Que poca seriedad intelectual! ¡Que "marxistas" de pacotilla!

 

  

¿PARTIDO-IDEA O PARTIDO-CLASE? 

 

 Contrariamente a la sociología burguesa, más aun a esa seudo ciencia llamada "partidología", la que apoya la existencia de los partidos políticos en un conjunto de Ideas generales, formulas ideales y programas,  el Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao lo hace desde su naturaleza real de clase. ¿Partido proletario o partido burgués?

 

   Así que, a lo largo de toda la historia política de la moderna sociedad burguesa resulta demostrable, cada clase se ha dotado de su propio partido para poder defender o realizar sus objetivos políticos. Que para construirse un tal partido, cada clase se ha apoyado en un conjunto, de un sistema de ideas claras y precisas. Pero, ya el mismo Engels nos ha aleccionado  que el socialismo no es una doctrina, sino que un movimiento político real.  Esto quiere decir, las clases para dirimir sus contiendas políticas, dictadas por intereses de clases muy precisos y que las enfrentan antagónicamente, sólo pueden hacerlo organizándose en partidos políticos diáfanamente delimitados. 

 

Los partidos políticos de los terratenientes explican u ocultan sus reales fundamentos, su naturaleza de clase, tras  un sistema de ideas conservadoro-clericales (Ayer Católicos y hoy Demócratacristianos), aquellos de la burguesía con el liberalismo (PRD, Arnullfistas, Molirenos, socialdemócratas, etc.); Inclusive, la pequeñoburguesía cuenta con los suyos y ha aprendido a cubrir sus intereses de clase con membretes "socialistas" ("alternativa popular", "del pueblo" y de "los trabajadores"). Pero en su multiformidad orgánica, a posteriori, sus ideas políticas determinan la forma política organizativa que escogen, pero siempre la posición de clase sigue determinando  sus ideas y su unidad en los objetivos;  conformado todo ello por las condiciones políticas concretas nacionales en que se organizan y desenvuelven su acción.

 

    Si esto es así, y desde luego que es así, el proletariado panameño o de cualquier otro país debe también organizar su propio partido, su propio Estado Mayor, su núcleo dirigente, asumiendo como fundamento para su construcción y consolidación la ideología del Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo. Esta verdad concreta,  revolucionaria, Borón y sus epígonos por más que se empeñen, aunque vayan y se refugien tras un guacho "retorno postmodernista  al marxismo originario", jamás podrán desvanecerla.

 

   Él, a lo largo de toda su relectura del ¿Qué Hacer?, no alcanza a resolver la contradicción Liberalismo o Marxismo-Leninismo en materia de organización, ni se atreve a formular su verdadera antinomia con el leninismo: centralismo-democrático o  democracia formal y horizontal. Pero, muy torpemente oculta su verdadero pensamiento, él niega la necesidad de existencia de un Partido Comunista y fundamentado en el Marxismo-Leninismo.  Con ello paga tributo ideológico y político a la burguesía, la cual de siempre ha negado al proletariado el que cuente con su propio partido y se dote de una ideología científica y revolucionaria, probada en mil combates como el Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo, tercera y superior etapa del Marxismo. 

 

   La clase obrera necesita de un partido intransigentemente clasista, consecuentemente revolucionario e internacionalista, que le conduzca a enfrentar y derrotar a sus enemigos de clase, a la burguesía, al imperialismo y a los terratenientes semifeudales. De un Partido Comunista que le organice en su lucha de clase, le dirija victoriosamente a la revolución proletaria socialista y a la instauración de la Dictadura del Proletariado. En consecuencia: Quién  niega o rebaja la idea de que la clase obrera necesite de un tal partido revolucionario para emanciparse, la desarma ideológica, política y organizativamente. Por lo que, quién ha eso se dedica debe ser desenmascarado y combatido como un enemigo de clase.

 

  ¿PARTIDO DE LOS DIRIGENTES O PARTIDO DE LAS MASAS? 

 

   En América Latina, como en Panamá, se han ido conformando y actuando una serie de movimientos sociales de masas al calor de las desastrosas consecuencias de la política económica imperialista y de las clases dominantes en cada uno de los países latinoamericanos, de marcados signos anti-semifeudales, anticapitalistas y antiimperialistas. Evidentemente, en ellos, participan los Partidos Comunistas, aunque como uno más de las fuerzas políticas combatientes y no como fuerza dirigente. Al respecto, ¿qué es lo esencial? Lo esencial es el hecho que dichos movimientos políticos de masas tienen a su cabeza a fuerzas no proletarias, centristas y con marcados prejuicios anticomunistas. Esto es que son movimientos de masas democráticos burgueses con conducción de la burguesía de izquierda, reformista, legalistas, parlamentaristas y concertacionistas. La gama de posturas políticas es extencisíma, pero lo que les une es el pacifismo, el rechazo de la lucha de clases y sus prejuicios anticomunistas. Sobre esos prejuicios se monta Borón  para lanzar una andanada contra la teoría marxista-leninista, en general, e invalidar la teoría leninista del partido en particular. 

 

   Él sabe que una de las consecuencias de la contrarrevolución antisocialista, esto es la traición de los revisionistas modernos soviéticos,  chinos y los otros encaramados en las direcciones de los Partidos Comunistas de los primeros países socialistas, ha sido el debilitamiento de la confianza de la masa del proletariado  en dichos partidos. Ellas se han sentido engañadas, estafadas y frustradas en sus expectativas con respectos a esos  partidos. No alcanzando a comprender el cómo esos partidos nacidos como destacamentos de combate, como vanguardia revolucionaria y consciente de la clase obrera, de portadoras del cambio del capitalismo al socialismo, degeneraron en reformistas,  en destacamento revisionistas burgueses y devinieron en tropas de asalto al servicio del capitalismo. Sobre los escombros del movimiento obrero y comunista, ahora, se han lanzado las cohortes del neorevisionismo para obstaculizar el resurgir de la consciencia de clase comunista en las masas obreras y populares.

 

   Si les escuchamos la causa de la degeneración de esos partidos resultaría ser la dirección de un sólo partido a lo largo de todo el proceso ininterrumpido de la revolución y construcción del socialismo. En la URSS, según ellos, se ha puesto el acento de manera abstracta y absoluta en el Partido. De ahí, resultaría que en vez de la dictadura del proletariado hemos tenido la dictadura del Partido.

 

   Para nosotros, los que guardamos fidelidad al Marxismo-Leninismo, eso es erróneo teórica y prácticamente. Ya en su momento Lenin ha criticado duramente esa falsa  antinomia  de "¿Dictadura (del partido) de los Dirigentes o  Dictadura (del partido) de las masas?". Calificándola de frase "anarquista" y de "infantilista de izquierda". (Al respecto remito a su escrito El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo, de 1920).  ¿Cómo  puede proclamarse discípulo de Lenin, quién pisotea los principios  leninistas? Lo escrito está escrito, lo hecho está hecho, y la única posición consecuente que queda es: Lo tomas o lo dejas.

 

   Para nosotros es totalmente erróneo oponer las masas al partido en el proceso de la revolución y en el socialismo. Dado que el Partido recluta continuamente los mejores elementos salidos del seno de la masa de la clase revolucionaria. Aunque, ciertamente, entre el Partido proletario y la clase proletaria existen contradicciones subjetivas, pero las mismas no son nunca antagónicas. Eso porque la masa de la clase es la que le da sustancia y vida al Partido. Las masas son precisamente las que asumen y realizan las tareas de la revolución en sus diferentes etapas sucesivas, así lo hacen también en la construcción de la sociedad socialista en tanto en cuanto son dirigidas por auténticos comunistas revolucionarios. La práctica política, efectuada en 67 años de lucha y construcción en los primeros países socialistas, nos demuestra que en ellos la construcción política, ideológica y organizativa del Partido es el eslabón clave de toda la cadena: El Partido Comunista debe aplicar correctamente el centralismo democrático, cuidar el más estrecho entrelazamiento con las masas, cuidar su composición de clase a todos los niveles como la niña de sus ojos, aplicar un estilo de trabajo correcto, tener una línea general y un espíritu revolucionario proletario.

 

   Para un comunista (marxista-leninista), para todo auténtico leninista, es razón de su vida: Tener confianza en el Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo, tener confianza en el Partido, tener confianza en la clase obrera, tener confianza en la revolución y el tener confianza en nosotros mismo. Todos esos elementos en su conjunto nos dan la definición de qué es ser marxista-leninista. El pintarrajo que nos da Borón y sus semejantes de los Marxistas-Leninistas, es sólo eso una  jugarreta de su mente de renegado revisionista.

 

 

 ¿COMO IDENTIFICAR A UN AUTÉNTICO PARTIDO COMUNISTA? 

 

   Lo primero que hay que decir es que, aquí en Panamá, ha habido y hay muchos partidos que se reclaman  o se reclamaban de la clase obrera.  Si que PICO (Partido independiente de la clase obrera), Partido Socialista (PSP), Partido del pueblo de Panamá (PPP),  Partido de los trabajadores revolucionarios, Partido de los trabajadores socialistas, Partido de la alternativa popular y por allí en adelante. Pero, aunque parezca cansón repetirlo, uno sólo es el auténtico proletario mientras que los demás son falsos partidos obreros. El auténtico Partido Comunista es reconocible por su intransigente defensa de los intereses y necesidades inmediatas y generales de las masas obreras y populares, por su coherencia y firmeza en la defensa del Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo, y   su marcha por la vía de la revolución de nueva democracia hacia la revolución socialista para la instauración y consolidación de la dictadura del proletariado. Nosotros rechazamos intransigentemente la tesis revisionista que aquí en Panamá pueden haber  en el movimiento obrero una multiformidad de partidos que de algún modo y medida pudiesen representar al proletariado, porque contasen en sus filas una clientela obrera. Si eso fuera cierto aún el Partido Revolucionario Democrático (PRD) puede ser considerado un partido obrero. ¡Ya ven el ridículo que proclaman!

 

   Nosotros consideramos que sólo uno puede ser el Partido Comunista, el partido de la clase obrera, independientemente que sea una minoría por ahora, el cual no puede compartir con ningún otro la dirección ideológica, política, organizativa y cultural del proletariado istmeño.  Aquí y ahora quisiera reconocerle a Borón, en ninguno de sus artículos y Ensayos le he encontrado, el que directamente ataque o defienda al Partido Comunista. Pero, eso no significa que le aplauda. 

 

   Pero prosigamos. 

 

   Lenin en todo momento de su vida política ha remarcado, y ese es leit motiv de  su ¿Qué Hacer?,   la teoría revolucionaria socialista para la construcción del Partido obrero independiente. Allí encontramos su famosa frase de que "Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario". Esto es, que la base teórica es el elemento fundamental para identificar si estamos ante un partido revolucionario o no. Para los comunistas la única teoría revolucionaria es aquella surgida de la realidad social objetiva y por ésta misma confirmada en el transcurso de la prolongada, compleja y dura lucha de la clase obrera por su emancipación social, el Marxismo-Leninismo. El cual ha ido enriqueciéndose y desarrollándose, de etapa en etapa, al calor de la lucha de clase, de la revolución y construcción socialista hasta alcanzar una nueva  y superior etapa el Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao Tse-tung. Confirmada en la práctica como la ideología más justa, científica, internacionalista y revolucionaria.

 

   El Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao no sólo es un conjunto armónico doctrinal, sino que conlleva una teoría del Partido y se concreta a través de una serie de principios organizativos que norman la vida e identifican al Partido Comunista respecto a todo otro partido pseudoobrero o revisionista.

 

   ¿Cuáles son esas normas de la organización del Partido? Examinesmosla brevemente. 

 

EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO

 

   Llamarse marxista, o marxista-leninista o comunista resulta relativamente fácil, serlo en los hechos, poner los intereses de la revolución al primer puesto y subordinar los propios intereses personales y consagrarle la misma vida, ya no lo es tanto. Y eso, precisamente, nos permite distinguir a un auténtico comunista de los falsos marxistas-leninistas. Resultando que la discriminante, para lograr eso, lo es la actitud que se asuma ante los principios normativos de la organización del Partido proletario. 

 

  De la lectura auténticamente leninista del ¿Qué Hacer? se colige que el principio más importante y vital, el que norma la vida interna del Partido de los proletarios y que influencia y determina todos los demás, es el centralismo democrático.

 

   De suyo se comprende que un Partido revolucionario que represente los intereses de la clase y de sus mismos militantes tiene necesidad,  a su interno,  de la democracia pero a su vez de una Dirección centralizada. Esto es, necesita de democracia y centralismo, de libertad y disciplina. Centralismo y democracia, en el seno del Partido, están en unidad dialéctica. Ellos son dos polos opuesto de una misma entidad, están en contradicción y al mismo tiempo en unidad. Una presupone al otro, por lo que no se puede acentuar uno de los dos aspectos de manera unilateral y negar al otro. Sin democracia  no habría libertad en el Partido y se dañaría seriamente el espíritu de iniciativa de los militantes, pero si no hay centralismo, si el centro dirigente no tuviese poder, faltaría la necesaria disciplina y al nivel de la Organización reinaría la anarquía, con la cual cada quién haría lo que le place y sin control alguno. Ello, se comprende afectaría negativamente las tareas del Partido y los intereses de la revolución y de la clase obrera. 

 

  El Partido necesita la mayor unidad de ideas (teoría y programa),  de unidad en los objetivos y de unidad en el cumplimiento de las tareas específicas y generales. Eso ha sido demostrado a lo largo de 52 años de aceptación y aplicación de la teoría leninista del Partido Comunista, desde la formulación de las tesis del ¿Qué Hacer? en 1902 hasta 1956. Sobre eso las opiniones son unánimes. Según Borón esto no es así. Si le diéramos crédito, al contrario por un largo período, luego de la muerte de Lenin en 1924, ha habido una ruptura herética. Cómo dice el mismo, bajo el "embalsamamiento" de Lenin y su legado se a abierto un tenebroso  período marcado por la figura de Stalin. Dice textualmente: "Comprender el significado del legado leninista: ... su sacralización en la Unión Soviética, transformando “una teoría subversiva en un sistema apologético de un cierto orden establecido”. Y amontonando falsedades sobre falsedades con venenoso sarcasmo agrega, "codificación del leninismo, su transformación de un marxismo viviente y una “guía para la acción” en un manual de auto-ayuda para revolucionarios despistados". ¡Vaya con el calumnioso anticomunista!  Cuando precisamente la clase obrera soviética, bajo la dirección del Partido Comunista de Rusia (b) con el encabezamiento del camarada Stalin, en las difíciles condiciones del cerco imperialista y germano-fascista,  haciendo gigantescos esfuerzos y sacrificio ha construido la sociedad socialista en la URSS, aplastado la agresión de la bestia  nazifascista y ampliado el Campo de los primeros países socialistas. Todo ello asumiendo y aplicando el Marxismo-leninismo y llevando adelante la teoría leninista del Partido Comunista.

 

   Él repitiendo las calumnias de la burguesía internacional, de los imperialistas, fascistas y renegados del comunismo, los que de siempre han presentado al camarada Stalin como un monstruo horrendo, como un dictador reinando sobre millones de esclavos (¡El pueblo soviético!) y manejando a los militantes del Partido con un látigo y una hacha al hombro, casi llega a decir lo mismo. Digo casi por cuanto no lo dice abiertamente, pero  lo señala  con la mirada. Para él, Stalin deformando el legado de Lenin ha consagrado ("canonizado", dice) en el Partido prácticas "incompatibles con los principios democráticos". 

 

   Para Borón pues todo se reduce a que Stalin ha roto el centralismo democrático. Ha violado las normas democráticas  en la vida de los Partidos Marxistas-Leninistas e impuesto una disciplina cuartelaria. Su odio a Stalin le ciega, por ello condena post-factum lo que el mismo Lenin ha sostenido 17 años después de la publicación del ¿Qué Hacer?: "... Los partidos que pertenecen a la Internacional Comunista deben estar organizados de acuerdo con el principio  del centralismo  democrático. En la presente época de agudizada guerra civil, el partido comunista podrá cumplir su deber sólo si está organizado en la forma más centralizada posible, si domina en él una disciplina férrea, lindante con la disciplina militar, y tiene centros del partido fuertes y con autoridad, investidos de amplios poderes y que gocen de la confianza general de los miembros del partido". 

 

   "Centralismo" (subrayado por el mismo Lenin), "disciplina férrea", "militar", "centros fuertes" y "amplios poderes", dice Lenin. ¿No sería que Lenin era stalinista? ¿No sería que "canonizaba" la disciplina cuartelaria? ¡No, por favor! Pobre Borón, el democratismo a ultranza le ha desenmascarado.

 

   El Presidente Mao, el cual era un auténtico leninista y stalinista, contrario a todo ultrademocratismo en el seno del Partido, ha remarcado que en las raíces de una tal tendencia se encuentra el individualismo y la indisciplina pequeñoburguesa y sus efectos corrosivos para la organización del Partido y para la lucha del proletariado.  Que ella era y es la propugnadora de la "independencia" y aplicadora de la doctrina del "primero yo". Esto es que buscando ponerse a la vista, aceptan de palabra al Partido pero ponen en primer puesto, realmente, a su propia persona y al Partido en segundo plano. 

 

   Con el  pretexto de  mayor democracia, de la democracia amplia, del respeto a la libre personalidad humana y al derecho de cada quién a expresarse libremente, los revisionistas, además de pugnar por crear en los auténticos comunistas y revolucionarios toda suerte de complejos e insinuar dudas y temores injustificados respecto al centralismo en el seno del Partido y bajar toda vigilancia revolucionaria, acusándoles de despotismo, burocrátismo y dogmáticos; hipócritamente irguiéndose en campeones de la democracia interna buscan tener mano libre para introducir la indisciplina, el arribismo y el fraccionalismo burgués. En fin, desorganizar al partido revolucionario, para liquidarlo después. 

 

   Para nosotros marxistas-leninistas la democracia a lo interno del Partido debe servir y ser funcional al logro de la mayor unidad revolucionaria  del mismo, no al contrario. Ella debe servir al Partido y no al individuo, de los auténticos comunistas y no de los revisionistas, de la línea proletaria revolucionaria y no de la línea liberal-burguesa.

 

   Es precisamente  el centralismo democrático la única garantía para el mayor intercambio de ideas, para el confrontar de opiniones y la lucha de ideas. La discusión democrática es necesaria, exigida y normal en el Partido; sin ella, no existiría vida interna y el Partido se secaría como un tronco sin savia. Lo único que se exige, y es precisamente el centralismo  garante, que dichas libres discusiones estén enmarcadas dentro del Programa, la línea política y los estatutos partidarios.

 

  Así y solo así, el Partido lograría la unanimidad de voluntad de acción, lealtad y respeto a las decisiones colectivamente tomadas. En fin, el tener un Partido unido que se movería como un solo hombre y el avanzar sin trabas por el alcance de las metas fijadas.

 

  LA COMPOSICIÓN DE CLASE DEL PARTIDO 

 

   Dos son los requisitos indispensables para saber si estamos de cara a un auténtico partido proletario, comunista, la actitud que asume frente al Marxismo-Leninismo-Pensamiento Mao Tse-tung y su composición de clase. Esto significa que no basta que un Partido se reconozca "marxista-leninista", mucho menos "marxista", para que se le considere tal; como tampoco se considere comunista a cualquiera que posea el carnet partidario.

 

   Nosotros debemos mirar si un tal partido es intransigentemente clasista o por el contrario tira a un lado la discriminante clasista y de hecho está abierto a todas las clases sociales, esto es, se atiene a la posición proletaria o es pluriclasista. El Presidente Mao, discípulo y continuador de Lenin, nos ha enseñado que: "La organización del Partido debe estar compuesta de los elementos más avanzados del proletariado, debe ser una organización de vanguardia, plena de dinamismo y capaz de dirigir al proletariado y a las masas revolucionarias en el combatir al enemigo de clase". Esto quiere decir que debemos  prestar máxima atención y cuidar asiduamente a la composición de clase del Partido. Prestar la máxima importancia al hecho de que a todo lo largo de las filas del Partido y de su estructura interna, tanto a la base como en la Dirección, la clase obrera tenga primordial representación.

 

   Con todo esto no significa que seamos "obreristas", esto es que sólo los obreros pueden ser los miembros del Partido comunista (marxista-leninista), ni que cerremos las filas del Partido a elementos provenientes de otras clases. Por el contrario, en nuestra política proselitista también nos dirigimos hacia otros sectores sociales no-proletarios, tales como a las nacionalidades aborígenes, a los campesinos pobres y a cualesquiera otro revolucionario sinceramente  comprometido con la posición de clase proletaria. Lo único que les exigimos es que: (1) No traigan ideas y prejuicios burgueses o de otras clases; (2) No exploten el trabajo de otro; (3)  No profesen ideas religiosas, ni  filosofía no materialista.

 

   Asimismo, en el Partido Comunista se presta atención al reclutamiento de estudiantes e intelectuales auténticamente revolucionarios no burgueses ni revisionistas, de intelectuales absolutamente fieles a la causa del Partido y de la clase obrera dispuestos a cumplir todas las tareas como comunistas y no sólo aquellas teóricas y administrativas.

 

   ¿Qué características se le exige a todo miembro del Partido, para que pueda ser considerado un buen comunista? Pienso que, en primer lugar,  se identifiquen y sigan el ejemplo de la vida de los grandes Maestros del proletariado Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao. Hoy, no se puede ser un buen comunista, y militar en el Partido, si se rechaza a tal o cual Maestro.

 

   De toda la historia del Movimiento comunista internacional, una historia de heroísmo y sacrificio consciente, destacan los rasgos  sobresalientes que definen a los auténticos comunistas (marxista-leninistas):

 

F Ser francos, leales,  plenos de dinamismo, fieles a los principios justos, estar dispuestos en todo momento a criticar y luchar contra toda idea o actos erróneos;

F Altruistas, apegados a la moral revolucionaria del proletariado, empeñarse a fondo en el trabajo y completa dedicación a la causa del proletariado;

F Pensar más en el Partido y en las masas, y menos en los individuos;

F Actuar conforme a la posición del Partido, al espíritu de partido y en su línea política;

F Usar el propio entendimiento, preguntarse el por qué de las cosas, no seguir ciegamente y a-críticamente a otros y tener iniciativa en el trabajo partidario;

  

   Todo esto el Presidente Mao lo ha resumido en los tres principios guías siguientes: "Practicar el marxismo y no el revisionismo, sostener la unidad y no la división, ser sinceros y honestos y no recurrir a intrigas y complots". 

 

   Todo esto significa que, el principio ético que norma la vida de cada auténtico comunista resulta ser  "es moral todo lo que beneficie al Partido y a la revolución e inmoral todo lo que perjudique a la revolución y al Partido”. La sociedad actual, capitalista y semifeudal, no nos dan comunistas ya hechos, hay que forjarlos y templarlos en el yunque de la revolución, en el transcurso de la edificación del Partido. No somos superhombres, somos productos de la lucha de clases y el Partido nos forma como seres de un temple especial.  Esto es, nos forma a su imagen y semejanza.

 

LA CRITICA Y LA AUTOCRITICA

 

 La esencia del marxismo-leninismo consiste, sobre todo, en su actitud crítica revolucionaria frente a la realidad.  Esto quiere decir que si no queremos ser utópicos soñadores, no ser pasivos interpretadores de la vida social,  sino activos transformadores del mundo, entonces debemos enfrentar  críticamente los fenómenos y procesos que se generan en ella.  Debemos ser críticos permanentes ante la realidad social y política de la cual somos parte y en la que luchamos, pero también críticos de nosotros mismos y del modo como nos comportamos ante ella.

 

 Sí, criticar la realidad exterior y criticarnos a nosotros mismos, para ser cada día mejores revolucionarios, mejores comunistas. Así, debemos, inclusive, criticar a nuestra propia teoría revolucionaria para enriquecerla con los aportes que nos brinda cada día nuestra práctica revolucionaria y desarrollarla a más alto niveles de cientificidad.  Lo que hace décadas fue correcto, desde el punto de vista del marxismo-leninismo, puede ser anticuado hoy en día.  Cuidando sólo no tirar al niño con las aguas sucias de la bañera. Eso lo ha olvidado Borón, o no lo ha tomado en cuenta para nada. Él reclama, luego de las nefastas consecuencias que trajo el revisionismo moderno soviético y chino, la puesta en cuestión de los principios revolucionarios del Marxismo-Leninismo, los revolucionarios proletarios retornen a un sedicente "marxismo puro" y repudien enteramente el histórico período teórico y práctico del Marxismo-Leninismo, de Lenin, Stalin  a Mao.  ¿Hay allí crítica en el espíritu del Marxismo o mejor qué hacia y dónde estaba Borón cuando los marxistas-leninistas luchaban por corregir dicho avatar revisionista?

 

   Ciertamente, dentro de ese largo período histórico de conversión del Marxismo-Leninismo en Pensamiento-guía de los revolucionarios proletarios en el poder o no, tanto la Internacional  Comunista como el Movimiento Comunista  mundial y Stalin han cometido errores políticos y teóricos. Algunos inevitables y otros a falta de un referente. No obstante, tanto Stalin como los comunistas de ese entonces cuando han tomado conciencia de la infracción a los principios que representaban han sabido criticarlos y autocriticarse. Eso porque eran revolucionarios proletarios, defendían la revolución proletaria mundial, la dictadura del proletariado y el futuro comunista de la humanidad.  Pero, Borón, en su relectura del ¿Qué Hacer? y en otros artículos suyos, no les hace una crítica marxista sino que los ataca desde posiciones oportunistas de derecha. Ocultando su kruschevismo, tras la hojarasca de los anti-marxistas históricos Kautski, Cerroni y cía.

 

   Él, Borón, en modo alguno osa hacer un balance concreto, dentro de los principios marxistas que dice profesar, de los logros y los errores realmente cometidos por la I. C. y el Movimiento Comunista Internacional en ese período que va de 1919 a mediados de los cincuenta. No puedo tratar los mismos, en confrontación con Borón, por diversos motivos subjetivos, por lo que me perdonarán que sólo apunte someramente algunos elementos que me parecen pertinentes.

 

   Como todos saben, o por lo menos deberían saber,  en 1914 la Segunda Internacional, aquella socialdemocrática, hizo bancarrota con el estallido de la Primera Guerra Imperialista, al alinearse los partidos obreros socialdemócratas nacionales con sus burguesías imperialistas y a despecho del Mandato del Congreso de Basilea, de oponerse a dicha guerra y aprovechar la situación revolucionaria que ella abría. Lenin, para esa misma fecha, captando el significado de dicha bancarrota el triunfo en toda la línea del viejo revisionismo, hace un histórico llamado a construir una nueva Internacional, la III Internacional. No se conformó con ello, sino que inmediatamente puso mano a la obra a restablecer contactos y encuentros  y enlaces entre partidos y sectores internacionalistas, auténticamente revolucionarios. Luego del triunfo de la revolución proletaria socialista en Rusia, para 1919 funda la Internacional Comunista.

 

 La vida de la Internacional se ha prolongado más allá de su disolución formal en junio de 1943, con la Cominform (1947-1956) y bajo la forma de establecimiento de relaciones de colaboración y ayuda mutua entre los partidos comunistas de todo el mundo. Estas relaciones duraron hasta febrero de 1956, cuando la camarilla oportunista de derecha de Kruschev en y después del XX Congreso del PCUS ha dado su golpe de estado contrarrevolucionario antisocialista. Ocasionando con ello una gran mutación histórica: la ruptura de la línea general leninista de construcción socialista hacia el comunismo e iniciando la restauración del capitalismo en la URSS y todo el Campo Socialista.

 

     No es cierto eso del "fracaso" del socialismo. Tampoco aquello de la distorsión del leninismo y la imposición del stalinismo sobre la dictadura del proletariado y la violación de la democracia socialista. Eso, es lo que la burguesía y la reacción mundial siempre han sostenido y repiten, hoy,  a grito destemplado los intelectuales postmodernistas, vale decir los renegados. Con ello, no pretendo cubrir con mis manos los errores, fiascos y limitaciones de los Marxistas-Leninistas entonces agrupados en la Internacional Comunista, los que indudablemente han abierto grandes brechas por la que han penetrado las ideas y la prácticas de los revisionistas modernos. Sólo busco abrir el estudio crítico de esa grandiosa experiencia histórica, positiva y negativa,  acumulada por los primeros países socialistas y el Partido Comunista Mundial. ¿Cuáles serían esos errores y cuáles las raíces de tales limitaciones? A mí entender ellos serían: 

 

1.    A finales de la Segunda Guerra Mundial los comunistas pensaban que los países capitalistas volverían a recaer de inmediato en la crisis económica mundial de la II preguerra y que el socialismo se impondría automáticamente. Pero, por el contrario, en los países capitalistas se abrió un período de cerca de treinta años de recuperación de la acumulación capitalista y de desarrollo de la actividad económica. Eso dio base a las teorías revisionistas de la superación de las crisis y de las guerras interimperialistas. 

2.    Los comunistas no lograron romper la unidad social antinatural  entre  las clases populares, comprendida la clase obrera, y la burguesía imperialista. Esta última retomó la iniciativa histórica  política e ideológica, manteniendola por un prolongado período de "vacas gordas", el chantage de la guerra fría y el recurso del llamado "Estado de bienestar". Ello dió otra oportunidad a los revisionistas para avanzar sus tesis de las reformas estructurales y  de paso gradual al socialismo;

3.    La IC comprendió e hizo frente a los regímenes terroristas instaurados por la burguesía (fascismo, nazismo, etc.), pero no comprendió adecuadamente que los regímenes burgueses de los llamados países "democráticos" y "libres" (EE.UU., Inglaterra, Francia, etc.) se habían vuelto ya regímenes terroristas de la contrarrevolución preventiva. Esto abonó el terreno a las teorías revisionistas sobre la lucha exclusivamente (o principalmente) legal y sobre la vía democrática al socialismo;

4.    Se daba por descontado entre los partidos de la Internacional Comunista que la clase obrera sólo podía conquistar el poder mediante la violencia ("el poder nace de la punta del fusil"). No estaban suficientemente elaboradas las tesis sobre  las formas en las que se había de iniciar la captación, formación y acumulación de las fuerzas revolucionarias. Convivieron al respecto en la IC concepciones y prácticas contrapuestas: acumulación de fuerzas en el marco de la legalidad burguesa a la espera de condiciones favorables para una insurrección popular, Frente Popular; partido-ejército-frente de las clases, guerra popular revolucionaria de carácter prolongado. Esto favoreció las tendencias oportunistas y pasivas.

5.    A pesar de la campaña de bolchevización lanzada en la segunda mitad de los años 20, en la IC permanecieron partidos comunistas que tenían una concepción principalmente legalista de sus tareas y partidos clandestinos, partidos de masas y partidos de cuadros, partidos sustancialmente parlamentarios y partidos que dirigían en su país la guerra popular revolucionaria de carácter prolongado. Esto dejó la puerta abierta a la teoría revisionista del partido "de todo el pueblo";

6.    Como en condiciones de la guerra mundial muchos Partidos estában dirigiendo las propias guerras de liberación antifascista o guerras de liberación nacional antiimperialistas, en la más profunda clandestinidad, las relaciones normales entre el C. E. de la Internacional Comunista con esos partidos se vieron entrabadas. Por lo que  la solución al problema de las relaciones entre los partidos comunistas quedó en suspenso. Esto facilitó el golpe de mano dado por Kruschev y el PCUS en 1956, cuando se arrogó el derecho de decidir por todo el movimiento comunista internacional;

7.    Que la lucha de clases persistía en los países socialistas era un hecho, lo percibían los comunistas muy vagamente. Por lo que la comprensión de las leyes según las cuales se desarrolla, el análisis de clase de la sociedad socialista (en particular dónde está la burguesía en los países socialistas) y la relación entre las contradicciones de clase en la sociedad de cada país socialista y la lucha de clases a nivel internacional, todas estas cuestiones quedaron en suspenso hasta la Gran Revolución Cultural Proletaria (1966-1976). Esto favoreció las teorías revisionistas sobre el fin de la lucha de clases y sobre la desaparición de las diferencias de  clase en los países socialistas.

8.    Después de la Segunda guerra mundial se formó el campo socialista, compuesto por 14 países y Estados, con tradiciones distintas y distintos niveles económicos, políticos y culturales. En ese momento se planteaba la tarea de dar forma política e institucional al principio de la colaboración fraterna entre los trabajadores de todo el mundo para avanzar hacia la comunidad mundial de los trabajadores. Al no afrontar teóricamente esta tarea favoreció el surgimiento de  tendencias hegemonistas y nacionalistas.

   Estas son, a mí juicio, las causas subjetivas de la liquidación de los primeros países socialistas y de la retoma del poder por la burguesía. Por lo que, afirmo y reafirmo, Borón al no poder o querer hacer un análisis teórico crítico, desde el punto de vista Marxista-Leninista,  se coloca consciente o inconscientemente en una falsa posición. 

   La crítica y autocrítica como método del conocimiento científico nos manda tomar en cuenta la cambiabilidad en la dialéctica objetiva. Si los interpretes del Marxismo-Leninismo han cometido equivocaciones en su aplicación, cayendo ya en el dogmatismo o ya en el revisionismo, entonces la única actitud correcta, conforme a los principios marxistas-leninistas, ellos deben ser criticados y no la teoría comunista. Borón debe reconocer que al no atenerse a eso,  al atacar de ese modo (tan cargado de odio de clase) a la teoría Marxista-Leninista, en realidad se coloca del otro lado de la barricada del marxismo mismo.

 

   Él, al contrario de defender firmemente los principios fundamentales del Marxismo-Leninismo y combatir las tesis anticuadas, rehuye asumir tal postura y como todos los pseudomarxistas, se rehusa criticar y combatir tanto a los revisionistas modernos como  a los dogmáticos.

 

   "Tanto el dogmatismo como el revisionismo son contrarios al marxismo. Indefectiblemente, el marxismo avanzará, progresará con el desarrollo de la práctica y no permanecerá estático. Quedaría sin vida si se estancara y se estereotipara. No obstante, nunca se pueden violar los principios básicos del marxismo; violarlos es cometer errores. Es dogmatismo enfocar el marxismo desde el punto de vista metafísico considerándolo como algo fosilizado. Es revisionismo negar los principios básicos del marxismo, la verdad universal del marxismo. El revisionismo es una variedad de la ideología burguesa. Los revisionistas borran lo que distingue al socialismo del capitalismo, a la dictadura del proletariado de la dictadura burguesa. Lo que preconizan no es, de hecho, la línea socialista, sino la capitalista. En las circunstancias actuales, el revisionismo es más pernicioso aún que el dogmatismo. Una importante tarea que actualmente encaramos en el frente ideológico es desplegar la crítica al revisionismo." (Mao Tsetung, Discurso ante la Conferencia Nacional del Partido Comunista de China sobre el trabajo de propaganda [12 de marzo de 1957], en Obras Escogidas, tomo V, págs. 472-473).

 

   Como podemos ver al centro de toda ésta  polémica teórica se encuentra, precisamente, la ley de la construcción y desarrollo del Partido, la Ley de la crítica y autocrítica. El uso de la crítica y de la autocrítica permite al Partido superar todos los escollos, corregir los errores y superar las contradicciones que existen a lo interno de él.

 

   En el Partido existen las contradicciones. Existen contradicciones entre la clase y el Partido mismo, entre el individuo y la organización, entre las organizaciones de base y los organismos superiores, entre militantes y dirigentes, entre los cuadros teóricos y los cuadros prácticos, entre militantes y militantas y por allí en adelante.  Estas contradicciones a lo interno del Partido, son un reflejo de las contradicciones existentes en el seno del pueblo. Tanto estas como aquellas, por su esencia y forma, no son contradicciones antagónicas ni irreconciliables. Todo lo contrario, ellas pueden ser asimiladas y superadas a lo interno de la organización mediante el recurso de la crítica y la autocrítica; mediante el recurso de la confrontación y debate de las ideas contrastantes.

 

   Empero no siendo antagónicas ni irreconciliables, mal tratadas, o utilizando métodos erróneos o no recurrir a la crítica y a la autocrítica, finalmente, pueden degenerar en antagónicas e irreconciliables. Para evitar eso el Partido, en su conjunto, pone como parámetros resolutivos  el Programa Político, la línea política y los estatutos partidarios. Dentro de estos marcos ideológicos, políticos y organizativos Usted está en plena libertad de debatir, discutir, criticar y exponer tal o cual idea, pero no se le permite violar  los mismos.

 

  ¿Que se deduce de ello? Se deduce que para realizar la unidad del Partido y resolver las contradicciones entre los diversos grupos debemos atenernos a la fórmula de Mao "unidad – crítica – autocrítica – unidad".  Que si en el Partido no existiese la crítica y la autocrítica la vida interna se paralizaría, se secaría y la Organización misma degeneraría.

 

   Puesto que como señala el camarada Stalin, "El Partido es invencible, si no teme la crítica ni la autocrítica, si no disimula los errores y deficiencias de su labor, si enseña y educa a los cuadros con el ejemplo de los errores del trabajo del Partido y sabe corregir estos errores a tiempo. El Partido se hunde, si oculta sus errores, si disimula sus lados flacos, si encubre sus defectos con una falsa exhibición de prosperidad, si no tolera la crítica y la autocrítica, si se deja penetrar del sentimiento de la fatuidad, si se deja llevar por la egolatría y comienza a dormirse sobre los laureles." (J. Stalin, Obras, tomo XIV, págs. 461-462). 

 

   La crítica de principios es objetiva, dialéctica, educativa, de control del militante por el colectivo, de camaradas y ayuda; es positiva y su punto de partida es la causa común; sobre todo se trata de evitar errores de principio. Para los errores secundarios muchas veces basta una simple indicación, los errores fundamentales tienen que discutirse de modo convincente para ser corregidos. Lo mismo vale para a la autocrítica. Tiene que ser sincera y firme en los principios. La autocrítica es un método para educar a los miembros y  cuadros para la lucha revolucionaria. 

 

 Por esa razón subraya Lenin:

 

"Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y examinar atentamente los medios de corregirlos: esto es lo que caracteriza a un partido serio, en esto es en lo que consiste el cumplimiento de sus deberes, esto es educar e instruir a la clase, primero, y, después, a las masas." (V. I. Lenin, La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1972, pág. 51).

 

LA LÍNEA POLÍTICA 

 

   La teoría marxista-leninista estudia los procesos objetivos que se dan en la formación económico-social, capitalista imperialista, a la que pertenece la formación económico-política concreta en la que nos ha tocado vivir y luchar. Más aun ella nos permite conocer y dominar las leyes generales, particulares y específicas que, dimanantes del conjunto de contradicciones sociales y políticas, gobiernan su desarrollo. Asimismo, la teoría a partir del conocimiento de tales procesos y tales leyes, nos permite descubrir aquellas otras que rigen  a la revolución.

 

   Esto quiere decir que debemos estudiar las leyes generales de la revolución proletaria a nivel mundial, a la vez estudiar las leyes particulares de la revolución proletaria a nivel de nuestro Continente, como aquellas singulares que rigen a la revolución proletaria en Panamá. En el caso de Panamá se trata, como queda establecido en las resoluciones de la IV Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxistas-Leninistas, de una revolución política y social que se desenvuelve por etapas ininterrumpidas hacia el comunismo. Brevemente expuesta se trata, aquí en Panamá, de la marcha ininterrumpida de la revolución de nueva democracia, con la hegemonía de la clase obrera, hacia la revolución socialista.

 

   A partir de las conclusiones de la teoría marxista-leninista aplicadas en Panamá el Partido comunista debe, a renglón seguido, traducirla en una correcta Línea Política General y en una Línea Política Concreta correspondiente a la etapa por la que pasa la revolución social. La Línea Política General hace referencia a los objetivos máximos que se ha propuesto alcanzar el Partido, esto es el abatimiento del capitalismo, la instauración de la dictadura del proletariado y el aseguramiento del avance hacia la sociedad comunista. Cuando hablamos de Línea Política Concreta, inmediata, hablamos de los objetivos políticos y sociales del Partido en la actual etapa de la revolución. Estas etapas son claramente diferenciadas, pero entre una y otra no existe una Muralla china. Una se transforma en la otra, dependiendo la rapidez de la transición de la correlación de fuerzas que se dé  en el momento político coyuntural. La revolución de nueva democracia es la premisa ineludible de la revolución socialista.

 

   El Presidente Mao nos ha indicado brillantemente que: "Para guiar a la revolución a la victoria, un partido debe apoyarse en la justeza de su línea política y la solidez de su organización".  O sea que, "La justeza de la línea ideológica y política lo determina todo". Con ello, él ha brindado al proletariado una auténtica y preciosa perspectiva revolucionaria.

 

 

LA LINEA DE MASAS

 

   Una vez establecida la línea política se pone ante el Partido la cuestión de convertirla en acción de las masas. El Partido debe entonces tener sólidos enlaces con las masas y estar en capacidad de guiarlas a la revolución utilizando correctos métodos de dirección.  Al hablar de Métodos de Dirección, el Partido debe estar en grado de saber separar los métodos de dirección: Una cosa es el método de dirección que aplica a su interno, esto es en la conducción de las masas de miembros del partido, y otro es el método de dirección aplicado de cara a la  conducción de las amplias masas  de simpatizantes y sin-partido.

 

   De suyo se comprende que el Partido no hace por sí sólo la revolución, como que también es verdad que la clase obrera no hará una revolución consecuente sin la dirección de su Partido. La conjunción Partido-Masas, obreras y populares,  es la única garantía de la victoriosa culminación de la revolución y construcción de una sociedad de nueva democracia y de la revolución y construcción  de la sociedad socialista. Aunque pudiese parecerle un  cliché, no por ello deja de ser una verdad revolucionaria, debemos tener siempre en cuenta que un Partido sin raíces en las masas sería un pez fuera del agua. El entonces riesgaría devenir en una entidad aislada, fosilizada y se condenaría a la disgregación.

 

    El Partido debe respetar permanentemente estos dos principios: PRIMO, actuar de conformidad a las necesidades reales de las masas y no según las que ha imaginado. Por ejemplo, todos nosotros hemos deseado  realizar el socialismo ya, pero si las masas no están conscientes de su necesidad ni tienen el grado de organización para realizarlo tal deseo no se cumplirá. SECUNDO, debemos actuar sólo basándose en las exigencias de las masas, porque  nosotros no podemos sustituirlas en sus decisiones. 

 

   Por lo que, en consecuencia, la aplicación de un correcto método de dirección se basa en el principio "de las masas hacia las masas". Esto es, como nos ha enseñado el Presidente Mao,  recoger las ideas dispersas, no sistemáticas, de las masas, sintetizarlas, transformándolas en ideas generalizadas, sistematizadas y llevarlas nuevamente a las masas para que las asimilen, asuman y la transformen en acción revolucionaria.

 

 LA POLITICA DE CUADROS

 

    Dándonos una indicación de no olvidar nunca Mao ha señalado: "Una vez definida la línea política, los cuadros constituyen un factor decisivo. Por eso  nuestra tarea de lucha es formar de modo planificado un gran número de  cuadros". Los cuadros son aquellos miembros militantes y revolucionarios profesionales del Partido, los cuales entregan una cuota de trabajo político personal permanente, remunerado o no.  Un grupo de dirigentes capaz,, unido y ligados a las masas formados a través de  larga experiencia de lucha y en el curso de la lucha de clase.

 

   Los cuadros del Partido exigen un cuidado especial y requisitos especiales: Poner atención en el conjunto de su vida personal y política,  saber emplearlos bien, escogerlos  según sus méritos, elevar su consciencia teórica y su labor práctica, corregir sus errores y ayudarlos en las dificultades aun a nivel personal, familiar y de salud. Sobretodo tener un profundo conocimiento del Marxismo-Leninismo-Maoísmo, ser capaces de valorar las situaciones por sí mismos y dar muestra de iniciativa, capacidad de trabajo y espíritu de sacrificio. Además,  ser leales servidores del Partido y del proletariado, desinteresados héroes  de la nación y de la propia clase.

 

  Deben ser combatidas las tendencias de algunos cuadros al subjetivismo y al burocratismo, y el que ellos asuman permanentemente el principio de ligar lo general con lo particular y la dirección con las masas.  Respecto a estas últimas, le toca a los cuadros, además de traducir las Directivas del Partido en realizaciones concretas, movilizar a los demás miembros del Partido y a las masas al cumplimiento de las tareas establecidas por el Partido.

 

 

LA LUCHA DE LINEAS EN EL PARTIDO

 

   El que la línea política del Partido sea justa, el que la asumamos o no, lo decide todo. El fracaso o la victoria en la revolución depende de que ella refleje acertadamente los procesos de cambios que se dan en la sociedad, así como las leyes objetivas que los gobiernan y el cómo el movimiento obrero y comunista aprovechan dicho conocimiento para avanzar a la toma del  poder, para derrocar el poder de las viejas clases dominantes, alrededor de lo cual gira toda la cuestión. ¿Pero, cómo se afirma la justeza de la línea política? Ella se afirma haciendo recurso, permanentemente, a la lucha entre las dos líneas en el seno del Partido. 

 

   Lenin y Stalin nos han brindado, en sus escritos y acciones prácticas políticas, múltiples ejemplos de ello.  Mao los ha sintetizados brillantemente, la línea política se configura, se consolida y se desarrolla en la lucha contra las ideas erróneas, en la lucha contra las desviaciones de derecha y las desviaciones de "izquierda". Sin enfrentar y derrotar tales desviaciones el Partido comunista (marxista-leninista) no podrá elaborar una línea política justa y victoriosa. Entrabar, negar u oponerse a la teoría de la lucha entre dos líneas, tal y como en su momento a hecho Rubén D. Souza en el Partido del "pueblo", la práctica nos ha demostrado no es marxismo sino que puro idealismo. 

 

   Como se hace comprensible, si es verdad que en el Partido hay  una continua oposición y lucha entre ideas diversas - recordemos sólo que cada cabeza es un mundo, que cada uno de nosotros tiene su manera de entender las cosas -, por ende lucha entre ideas correctas e ideas erróneas, de ahí lucha entre dos líneas,  esa lucha, en un comienzo, no es necesariamente antagónica. Por lo cual,  sería equívoco que el Partido siempre la tratase como tales o que cerrase los ojos negando su existencia. 

 

   En el Partido Comunista debe siempre haber amplio campo, o en momentos particulares de su actividad, para la lucha ideológica y para el confrontar ideas o de interpretación del programa ideológico y político. Cuidando siempre tales confrontaciones y entrechocar de ideas diversas no degeneren en antagónicas e irreconciliables. Si a pesar de todo se diese tales casos, entonces el Partido apoyado en la teoría revolucionaria, en el Programa Político y en los estatutos, deberá demarcarse claramente de la línea errónea, combatirla, aplicar sanciones o llegado el caso con los intransigentes hasta la expulsión de nuestras filas. 

 

   Si no se observase  tal principio, la teoría de la lucha entre las dos líneas en el seno del Partido, entonces éste degeneraría, cambiaría de color y de Partido de la revolución se convertiría en un partido antirrevolucionario, revisionista  burgués. 

 

 

 

 LA LUCHA INTRANSIGENTE CONTRA EL REVISIONISMO MODERNO 

 

     Todo el proceso de construcción y afirmación del Partido Comunista Mundial esta marcado por la lucha de los marxistas leninistas contra toda suerte de oportunistas de derecha, los llamados revisionistas. En una primera fase, aun en el seno de los partidos obreros socialdemócratas, combatiendo al revisionismo de viejo tipo, esto es los revisionistas Bernstein, Kautski y todos los demás. Como sabéis estos revisionistas, no estando en el poder y aún en la oposición, apoyados en la aristocracia obrera, degeneraron desvergonzadamente en instrumentos de sus propias burguesías imperialistas; posteriormente, luego de la revolución bolchevique de 1917, pasaron a ser agentes directos del capital, antisoviéticos y anticomunistas recalcitrantes. Al sol de hoy, en que degenerados en partidos burgueses imperialistas y colonialistas, aún los comunistas (marxistas-leninistas) no hemos terminado de ajustar cuentas con ellos. Lo que sí queda claro es que, junto a la burguesía imperialista o no, ellos, la capa dirigente y no la base obrera que marcha tras ellos, serán objeto de los golpes de la revolución proletaria socialista. 

 

   A mediados del siglo XX contra este Partido se ha lanzado un nuevo enemigo, mucho más sutil y peligroso, pues nacido en el propio seno de los comunistas en el Poder, el revisionismo moderno. Éste revisionismo, a diferencia de aquel socialdemocrático, ha surgido de la degeneración de cuadros dirigente de los Partidos comunistas en el poder en los primeros países socialistas y de allí se ha desbordado por todo el Movimiento comunista internacional. En un primer momento los marxistas leninistas y los revolucionarios de todo el mundo, no captando su naturaleza de clase y sus objetivos finales, le dejaron crecer y expandirse sin darle lucha sobre la base de las enseñanzas de nuestros Grandes Maestros. Por ello, cuando el Presidente Mao, al frente del Partido Comunista de China, dio su llamado de alerta con su histórico discurso sobre las dos espadas y su advertencia, posteriormente,  de que "la llegada de los revisionistas al poder, es la llegada de la burguesía al poder" la mayor parte hizo de oídos tapiados y pocos fueron los que se acogieron bajo la Gran Bandera Roja del Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao Tse-tung.

 

   No obstante, esa lucha intransigente contra el revisionismo moderno ha abarcado todos los planos, ideológico, político, organizativo, estatal, cultural y moral. Los revisionistas modernos atacaron a los comunistas marxistas-leninistas en toda la línea: Sobre la naturaleza de la URSS,  la revolución socialista, la dictadura del proletariado, la necesidad del Partido Comunista, finalmente el valor mismo del Marxismo-Leninismo en sus postulados revolucionarios. Nosotros, a pesar de quedar reducidos a una minoría histórica, respondimos. Teniendo como guía al Presidente Mao y su Pensamiento-guía, sus grandes enseñanzas a partir de su definición del revisionismo moderno como una corriente ideológica burguesa, aún más peligrosa que el dogmatismo. Él nos aclaró el cerebro respecto a que los revisionistas aprueban sólo de palabra el marxismo, atacan también ellos el dogmatismo, pero en esto para atacar la esencia misma del Marxismo; que ellos cancelan la diferencia entre socialismo y capitalismo, entre dictadura del proletariado y aquella de la burguesía, en fin que ellos sostienen en concreto la línea capitalista y no la línea socialista.

 

   Hoy, la obra contrarrevolucionaria antisocialista propulsada por los revisionistas moderno está cumplida. La URSS  ha sido liquidada, el Campo Socialista desintegrado totalmente, del viejo movimiento comunista internacional sólo quedan humeantes troncones podridos. Todo es desolación y escombros.

 

    No todo. Los comunistas (marxistas-leninistas) que  por más de 30 años han luchado firmemente contra el revisionismo moderno, sin pedir ni darles cuartel, han recogido la Gran Bandera Roja del Marxismo-Leninismo de allí dónde la tiraron un día los revisionistas modernos, la han limpiado y la elevan hasta un nuevo y superior peldaño de su bisecular  historia, al Marxismo-Leninismo-Maoísmo. Y, una vez más, se ha reavivado la lucha entre Marxismo-Leninismo y revisionismo, ahora presentado como neorevisionismo. Por cuanto el fin es el mismo, cercar y aniquilar al Partido Comunista Mundial, desarmar ideológica y políticamente a la clase proletaria, obstaculizar la Revolución socialista violenta.

  

 

LA MILITARIZACION DEL PARTIDO. 

 

 Somos un Partido revolucionario, somos el Estado Mayor del Ejército político de los proletarios en revolución. Somos un Partido combatiente, somos el destacamento dirigente, el destacamento de vanguardia del Ejército revolucionario de los proletarios en lucha por el poder. Por ende, todo miembro de base  y cada cuadro del Partido Comunista,  es un militante combatiente y un soldado de la revolución.  Listo permanentemente, cuando se den las condiciones y lo ordene el Partido, a empuñar el fusil y lanzarse a la guerra revolucionaria popular o/y a la insurrección proletaria. 

 

  Esto podrá parecerle que propugno o confundo Partido revolucionario y Ejército revolucionario.  De que el Partido y el Ejército son uno y lo mismos, por el estilo de la tesis foquista-guevarista de la guerrilla como matriz del partido o de aquella otra tesis (de algunos filosenderistas panameños mal informados) de que el "Partido se construye en guerra". Los comunistas (marxistas-leninistas) panameños, por el contrario, con Stalin y Mao consideramos que entre esos dos Organismos existen diferencias cualitativas a partir de sus respectivos campos de actividad y tareas. Con Stalin cuando afirma que, el Partido es una Organización política, basada y controlada por su base, mientras el ejército revolucionario es una organización militar, organizado desde arriba y controlado por los cuadros militares dirigentes. Sin que esto signifique, afirma Stalin, que en unas determinadas condiciones políticas, de agudización de la lucha de clases y de maduración de la crisis revolucionaria, el Partido pase necesaria e inevitablemente a militarizarse, a militarizar a todos sus miembros y encuadrarlos para conducirles al asalto del poder.

 

   De Mao aprendemos el no confundir el rol y tareas específicas de cada una de esas Organizaciones. El que en esa relación, que se da entre Partido Comunista  combatiente y Ejército revolucionario proletario y campesino, el primero es  principal, y el segundo subordinado. Esto es, dice Mao, "el Partido manda al fusil y no viceversa". 

 

   El Partido comunista organiza y dirige al Ejército revolucionario, bajo el principio de descentralización en las operaciones militares  y máxima centralización en la Dirección estratégica  político-militar. Como dicta la experiencia del Partido comunista mundial, en la  insurrección, o en la guerra civil o en la guerra popular revolucionaria, el Ejército revolucionario es organizado por el Partido, no nace espontáneamente y estructurado desde un inicio, siguiendo las leyes objetivas de la lucha de clases y de  las guerras revolucionarias,  siguiendo un preciso proceso organizativo nacido al calor del agudizamiento de la lucha de clases. El cual va, esquemáticamente, desde los Comités de autodefensa del Partido pasando por los Grupos de autodefensa de las masas, a los destacamentos de combate, a las escuadras y pelotones de zonas de guerra, coordinación de fuerzas armadas revolucionarias para guerra regular, hasta el Ejército revolucionario obrero-campesino y, finalmente, al Ejército de Liberación Popular.

 

  Lo caracterizador de los comunistas en guerra popular es su alta moral proletaria, su espíritu de coraje y sacrificio, heroicidad, iniciativa y creatividad, entrega total a los intereses de la clase y del pueblo, todo ello sustentado en una ideología revolucionaria de  acero forjado, el Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo. 

 

   El Partido Comunista (Marxista-Leninista) es el arma fundamental de la que sea provisto la clase obrera para conquistar y construir el socialismo. Sin él, independientemente de los sacrificios que se hagan o de la sangre que se derrame,  la clase obrera no podrá emanciparse de la esclavitud capitalista.